Las viejas heladerías nunca mueren.
O al menos no debieran. Así lo hace al menos la heladería-horchatería Verdún, en la esquina calles Mallorca y Bruc, derecha del Ensanche barcelonés.
Es un espacio minúsculo siempre repleto de parroquia decidida a refrescarse.
Hacía más de una década que no pasaba por allí. La frecuentaba en mis tiempos de responsable de Comunicación de Círculo de Lectores, cuando la empresa estaba en la calle Valencia, a cuatro pasos del Conservatorio y del Mercado de la Concepción. Luego trasladó los bártulos al edificio Hoechst de la Travesera de Gracia, a cuatro pasos del edificio fundacional de la escuela de negocios ESADE, frente a un barra americana (negocios llaman a negocio).
El granizado de limón de la heladería Verdún tiene ese punto amargo que nos recuerda que el limón es una fruta gallarda, con personalidad propia. Poco dada al pacto. La tomas o la dejas.
Yo la tomo y retomo. Mi récord está en más de dos litros ingeridos en cierto viaje a Murcia. Y dormí como un tronco, sin asomo de acidez.
El limón premia a sus adictos y yo he defendido esta fruta milagrosa a capa y espada.
Mi sueño de dicha fuera bañarme en una piscina...repleta de granizado de limón. Inacabable fuente de goce dorado.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Jaime Rodriguez
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El Espacio del Dircom
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Periodista Digital
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Antonio Jiménez