Siempre es un placer regresar a la vila onubense de Ayamonte. En esta ocasión se le añade el atractivo de tormentas voraces que arañan las playas y dejan a los turistas con un palmo de narices. Lo siento por ellos pero son cielos de belleza convulsa.
Baja el Guadiana revuelto. Y las calles de la aldea de Punta del Moral se transmutan en lodazal inminente.
La zona luce esplendor, progreso. El turismo ha aportado mucho, si bien la construcción está en horas bajas tras la espiral desmesurada de la última década.
Me quedo con las ganas de tomar mi café preceptivo en la vecina localidad portuguesa de San Antonio, en su plaza mayor, enorme y blanca. Con camareros de trato sencillo pero desconfiado. Con precios hasta ahora claramente por debajo de los españoles si bien con tendencia a la paridad.
Ayamonte y San Antonio se reparten las orillas del Guadiana. Se miran de frente. Desde hace siglos. Próximos pero no revueltos.
Cada uno en su casa y el Guadiana en la de todos.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez