"Cuántas ilusiones lleva a la ciudad, ese tren tan viejo que ya no puede andar..."
Escuché esta canción de Víctor Manuel centenares de veces a comienzos de los 70. Luego, parece como desaparecida del mapa. No aparece ni en YouTube.
Ahora que estoy en Coruña, recién llegado anoche con el rápido y efectivo tren de las 22:34 desde Santiago de Compostela, siento añoranza de aquellos viejos trenes de madera...
Como el que durante cinco años utilicé para realizar la ruta Muntaner-Bellaterra, 21 kilómetros en media hora.
Poco a poco los desvencijados trenes de madera fueron sustituidos. Pero siempre recordaré el calor que desprendían los motores, calentaban la madera y hacían llevaderas las frías mañanas de invierno rumbo a la gélida Universidad Autónoma.
Un colega de carrera me pásó en 1977 el poemario "Del tren" de Agustín García Calvo. Siempre he amado los trenes y siempre me ha gustado la literatura forjada en los trenes.
El confort y la puntualidad son necesarios pero los trenes de antaño tenían un encanto difícil de olvidar. Fallaban a menudo y eso los humanizaba. Y olían de otra manera.
Me quedo en la memoria con la estampa del escritor Vicenç Villatoro escribiendo en su bloc de notas con letra perfecta su tormenta de ideas sentado en un banco de la estación de Muntaner a la espera del tren a Terrassa.
Entre raíles las ideas surgen a todo tren.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez