Es él. Con gesto grave y elegante. La inconfundible mancha en la cabeza...
Mi viejo amigo amigo Mikhail Serguevich Gorbachov me saluda en forma de anuncio a página entera en la contraportada de hoy del International Herald Tribune, luciendo cartera de Louis Vuitton...
Llegué a estar enamorado -conceptualmente- de Gorbachov. Su irrupción en la política soviética precipitó mi iniciación en el estudio de la lengua rusa para entender la "perestroika", el proceso de cambio que lideró.
Fruto de aquella época (1986) es también mi estancia de verano en Moscú en la Escuela de Ingenieros estudiando lengua y cultura rusas, en clases amenizadas con festivales de coros y danzas de las juventudes del Partido Comunista.
Recuerdo también con fruición a mis compañeras finlandesas: las féminas más bellas del mundo estaban allí, en mi clase, llamadas a estudiar la lengua de Dostoyesky por no sé que ignoto motivo.
Rubicundas y parsimoniosas, encarnaban el paraíso socialista con sus credenciales carnales y una belleza sobrenatural, reñida con cualquier visión materialista y dialéctica (hablar, no hablaban; pero todos sucumbíamos ante sus silencios).
Me imagino que el amigo Mikhail ha vendido su imagen por un buen puñado de rublos. Abandonado de todos, sólo un hábil publicista se acordó de él.
Yo me acuerdo de él con cariño, le tengo por un valiente (atolondrado pero valiente) hombre de Estado. Y gracias a él descubrí un país de países, ahora descompuesto, con mujeres de rara belleza y hombres con enigmático sentimiento trágico de la vida.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez