Un creciente número de personas me lo pide:
-Háblame de Jorge.
Y así es cómo le veo: minucioso, autoexigente, superdotado para el deporte que ha escogido...y con vena de artista.
Más allá de las motos, a Jorge Lorenzo le gusta la música, el cine, el espectáculo, las emociones. Como cualquier joven de su edad. Pero tiene una vena sensible harto profunda: se refleja en sus dibujos, su amor al cine y sus devaneos literarios.
En la distancia corta tiene su sentido del humor acerado, sus gustos definidos, sus sueños de conquistador. Como cualquier joven de su edad.
Lo que le diferencia de otros muchos jóvenes es su instinto ganador. Sus ganas por tocar la meta. Y la disponibilidad personal de poner el sacrificio necesario para conseguirlo.
La mayoría de la gente se fija en los adelantamientos épicos, el reparto de los trofeos, el protagonismo mediático. Pero eso es la espuma de la proeza. El núcleo duro de tanto éxito está en los entrenamientos solitarios, obedecer las consignas del preparador físico, dialogar con los mecánicos, escuchar a los que más saben, cumplir con lo planeado.
En las clases que le impartía me llegaba a veces extenuado. Con aspecto de pequeño Hércules con semblante de piltrafa. Solía ser en viernes. Pero él llegaba indefectiblemente a clase, cumplidor, atento al dato nuevo, escudriñando mis preguntas, procesando las respuestas, alargando si convenía las clases atenazado por la curiosidad (¡y haciendo sufrir a quienes le habían de llevar al aeropuerto o a un evento con los patrocinadores!).
La grandeza de un deportista se forja en esos momentos anónimos que no ve el gran público. Y en mi caso, observador privilegiado, mucho me alegro de poder dar testimonio de ello ante los que se me acercan y me espetan:
-Háblame de Jorge.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez