Los errores en los medios deben ser compensados cuanto menos con nota de rectificación, la socorrida fe de erratas.
Pero por lo general no hay proporcionalidad entre el error difundido y la rectificación del medio. En muchos casos es una pura rectificación formal pero sin sentido profundo. Al medio tanto le da, no es generoso. Ni tan sólo justo. Es más fe de ratas que fe de erratas.
A diferencia de la mayoría de los sectores de la economía, en el periodismo no hay cultura de la calidad. La imperiosa subordinación al dictado del reloj ha creado una especie de autoconmiseración, de quitarse las quejas de encima, de autojustificación.
A eso han contribuido aquellos empresarios que no han dotado a sus trabajadores de recursos sufiienctes para realizar un trabajo probo, de calidad.
Al final, todo vale. Y las informaciones salen de cualquier manera y no pasa nada. A menudo rectificar es contraproducente: es puramente llamar la atención sobre el error y por tanto multiplicarlo, no paliarlo.
Algún día debiera realizarse un debate serio sobre la gestión de la calidad en las empresas periodísticas. Más de un profesional debiera imbuirse de una auténtica orientación a la satisfacción del lector, oyente o televidente. De una cultura de servicio con la sana intención de cada día hacerlo mejor y reparar justamente los errores. Que son muchos.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez