En mi vuelo de ClickAir Barcelona-Santiago he tenido la oportunidad de releer “Mentes maravillosas”, la primera obra de este megadotado (lo de super ya se me antoja corto) llamado Carlos Blanco.
Más allá de los resúmenes de vidas prodigiosas, se captura entre las líneas ideas de gran fuste, mucha enjundia y total corrección redaccional.
¿Cómo podría ser este mismo libro escrito dentro de diez años, con una década más de proverbial madurez para nuestro joven autor que recién se estrenaba en la edad de 22 años, tiernísimo guarismo?
El punto de partida de “Mentes maravillosas” es ya elevado. Los nuevos detalles aportables en ulteriores ediciones pueden ser de-chuparse-los-dedos, intelectualmente hablando.
En lo concerniente al sentido de la inteligencia, Carlos Blanco sale al paso con la idea de que ésta tiene sentido en la medida en que es puesta al servicio de los otros, cambia las condiciones de vida de los demás. Por tanto no se limita a efluvios de erudición para el propio divertimento ni en onanismo alocado de ideas sin ton ni son para mayor honra de su paridor. Hay voluntad de servicio o cuanto menos la premisa ética que debe ser así.
Me gustará releer esta inserción dentro de diez años. O cuanto menos que alguien, ojo avizor, me la recuerde.
Y recordar también los viejos tiempos de ahora con la distancia de una década. Ver los nuevos derroteros de un Carlos Blanco treintañero, aún sediento de conocimiento en una era en que éste fluye a raudales.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez