Thought-provoking. Buen adjetivo éste de la lengua inglesa para describir la disertación de Carlos Blanco anoche en ESADE: palabras "estimulantes", que "invitan a pensar", que dejan ese cosquilleo de querer ser mejor.
Mis compañeros de Máster promoción de 1994 salieron encandilados. Carlos estuvo brillante, transdisciplinario y convincente.
Habló de lo divino y de lo humano. De mentes maravillosas que han jalonado una historia de avances que nos han llevado al mundo actual.
El tiempo pasó volando. Vamos, nos lo pasamos muy bien. Toda una fiesta para el intelecto. Y los corazones.
Uno necesita que de tanto en tanto le inyecten entusiasmo en el entendimiento. Para cuestionarse las paredes grises que a veces nos encorsetan. Para derribar muros, vislumbrar otros escenarios. Otras ideas. Otras aspiraciones.
Carlos nos dejó muy buen sabor de boca y somos muchos los que le auguramos un futuro deslumbrante en el campo de las ideas, la gestión cultural, la divulgación.
¿Cuál es el sentido de tanto talento comprimido en ese ser menudo, de apariencia adolescéntica pero inusitadamente maduro?.
"Pondré mi talento al servicio de los demás"-dijo Carlos públicamente.
Ojalá sea así. Cuanto menos registramos en este blog esas palabras. Con entusiasmo. Esperanzadamente. Pero sin ignorar los muchos meandros que se entrecruzarán en el curso de una vida, aún tan jóven, aún tan en fase de despegue.
Mucha suerte, Carlos.
Martes, 29 de mayo
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