Con bastón pero harto erguido, allí estaba comprando su doble pechuga semanal de pollo un nonagenario cliente en el Mercat del Ninot de Barcelona.
-Nació sietemesino, no daban un duro por él y ya ha cumplido los 92-me espeta la tendera.
Son legión los individuos condenados a priori por la medicina o la voz popular. Muchos se dan el gustazo de durar lo indecible.
Yo mismo tengo la satisfacción de decir (en mi caso ochomesino) que si bien mi palidez de neonato no hacía presagiar nada bueno, fui reactivado -ya moribundo- gracias a una oportuna inyección prescrita por el doctor Bardají, eminente pediatra de la calle Balmes.
Bajones de energía los tengo desde entonces (el café suple las inyecciones de antaño) pero me acerco al medio siglo con aspecto juvenil y pocas molestias: algo de caspa, miopía endógena, ligera desviación de columna y más conspicua de tabique nasal, así como apneas que remiten de manera intermitente, en parte debidas a un pertinaz sobrepeso.
Vamos, como un chaval.
El nonagenario comprador del Ninot fue sentenciado antes de tiempo.Él ha enterrado a todos los que le auguraban corta vida.
Bravo por aquellos que contradicen el juicio ajeno, llegan a los 90 y no se privan de las pechugas. Aunque sólo sean de pollo.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez