Paseando junto al mercado barcelonés de Galvany (San Gervasio), he visto un hombre octogenario, encorvado, con todo el aspecto de ser mi viejo catedrático de griego, don Julio Pallí Bonet. Me he quedado con la duda tras estar en un tris de declamar en plena calle Amigó: "Sin embargo, ¡oh atenienses!..."
Tuve la impostura como bachiller de discutirle al catedrático el liderazgo de la oratoria clásica: yo apostaba por Cicerón; él por Demóstenes.
En cualquier caso -desde mi crasa ignorancia- me divertía contradecirle y provocar sus aspavientos.
Era un gran tipo don Julio, sociológicamente franquista, ampurdanés de sangre, natural de Santa Maria de Calonge. De él siempre recordaré sus frases rimbombantes que rompían el tedio matinal de las clases en el Instituto Menéndez y Pelayo.
En especial siempre recordaré una:
"No me mates con tomate; mátame con bacalao".
O el dilema que el discípulo le plantea a Sócrates:
-Maestro, no sé si debo casarme.
-Haz lo que quieras, porque hagas lo que hagas, tendrás que arrepentirte.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez