El matrimonio Comas me visitó recientemente en Barcelona. Regresarán definitivamente a la capital catalana en mayo tras un largo voluntariado en Nicaragua. "Es una pequeña muerte"-dijo Carlos.
Justo esa es la expresión de cuanto siento estos días en que yo mismo estoy de traslado: dejo la isla de Mallorca tras once años y medio de residencia.
No sé si está acuñada la expresión "pequeña muerte". Me suena sin embargo que sí. En mi caso le doy el significado de cambio que te obliga a despedirte de una serie de sitios, personas y hábitos. En eso constituyen los traslados.
Las preguntas que ahora me acechan son de carácter un tanto fúnebre: ¿Hice en Mallorca cuanto debía y podía? ¿Aproveché todas mis oportunidades? ¿Optimicé mi tiempo? ¿Disfruté al máximo? ¿Dije a quien correspondía lo que correspondía decir?
Cuando se nos muere alguien nos hacemos preguntas similares. De ahí que yo le llame "pequeña muerte" y observo que no soy el primero.
Concesión al cálculo estadístico(esto al profesor Comas le encantaría): 11'5 años de idas y venidas Barcelona-Palma, 3.000 aviones, 4.500 horas de vuelo (sumo aquí viajes a otras latitudes), unos dos millones de kilómetros recorridos. O es lo que es lo mismo: 50 veces la vuelta al mundo (el ecuador tiene 40.000 kilómetros).
El 1 de febrero recalo en Barcelona y mis visitas a Mallorca serán muy espaciadas.
Siento el pequeño dolor de la pequeña muerte.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez