
Erea S. Garró (PD).- La madurez es una etapa más de la vida, pero para algunas mujeres el paso de los años se convierte en un reto. Por el hecho de ser mujer, se enfrenta a la madurez con una doble presión, la de la sociedad, que la exige seguir siendo femenina, y la que ella se autoimpone. El síndrome del nido vacío y la triple jornada son dos de los problemas a los que se enfrenta la mujer madura de hoy. La solución: conseguir el equilibrio entre las tres edades.
"La mujer española ante la madurez" ha sido el tema central del último coloquio organizado por el Cículo Olay, proyecto de carácter social cuya misión es generar distintas iniciativas al servicio de la mujer española. En el debate, moderado por la periodista Pilar Cernuda, participaron Jesús de la Gándara, reconocido psiquiatra, Soledad Becerril, primera ministra de la democracia, y Pilar González, presidenta de UNESPA, la patronal del seguro.
Los participantes coincidieron en señalar que existe un precio a pagar por ser madura en el mundo postmoderno. La depresión, la tristeza y la neurosis depresiva invaden a muchas mujeres al llegar a los 50.
La triple jornada es uno de los principales problemas de estas mujeres. Trabajan, cuidan de sus familias y, además, tienen que ejercer de mujer. La sociedad las exige un determinado comportamiento.
La sociedad obliga a la mujer a “estar guapa frente al espejo”, asegura el Dr. De la Gándara.
Con él coincide Pilar González, que afirma que el 80% de la sociedad española cree que hay conductas que se le imponen a la mujer según avanza la edad, como maquillarse y o vestir de una determinada manera.
González apuesta porque la mujer se revele ante este hecho. “No me pongo minifalda porque no me veo con ella, pero si me viese me la pondría”, afirma. “Y, además, no me maquillo”, apostilla.
SÍNDROME DEL NIDO VACÍO
Pero existe una presión peor aún que la de la sociedad, la que se imponen las propias mujeres. “Hay muchas mujeres maduras que no saben envejecer”, asegura el Dr. De la Gándara.
La mayoría siente, durante toda su vida, la responsabilidad de cuidar la casa, a la familia, el trabajo… Es lo que se denomina el síndrome de la cuidadora. Al llegar a la madurez, la situación de las mujeres cambia y experimentan lo que se ha venido a llamar “el síndrome del nido vacío”. Sienten que han dedicado su vida a los demás y se han olvidado de ellas mismas.
“Tenemos que ser las mejores en todo: estudiando, trabajando, como madres…”, comenta Pilar González.
Todo ello deriva en problemas como la tristeza, la depresión o la neurosis depresiva.
EQUILIBRIO ENTRE LAS TRES EDADES
Pero el panorama no es tan desolador como parece. El propio Dr. De la Gándara afirma que, si tuviera una varita mágica, decidiría ser mujer a partir de los 50.
El secreto está en encontrar el equilibrio entre las tres edades. La biográfica, lo que somos y hemos hecho, la biológica, la que llevamos en la cara, y la del DNI.
“No puedo querer tener 60 años en el DNI, 80 en mi biografía, y 40 en mi biología”, ironiza el Dr. De la Gándara.
Como afirma Soledad Becerril, “desde el punto de vista físico hay que aceptar los cambios”.
La mayor parte de las mujeres afirma encontrarse en el mejor momento de su vida en torno a los 36 años, pero no hay por qué agotar ese momento en 2 ó 3 años.
“Si te ves casi perfecta con 40, ¿por qué no te vas a ver casi perfecta antes de cumplir los 50?”, concluye Pilar González.
Estoy en la línea de las reflexiones vertidas en la noticia, pero hay un aspecto en el que me gustaría hacer énfasis, y son las mujeres cuidadoras de personas mayores: sus padres, y que tras largo tiempo ejerciendo estas funciones que llegan a ser absolutamente hipotecadoras de sus vidas, en especial, en aquellas cuya personalidad se encuentra marcada por la hiperesponsabilidad y, en las que puede incluso encontrarse un "factor reforzador": el chantaje emocional que ejerce la persona cuidada. Si a esto unimos que su vida de pareja pueda quedar condicionada por su labor de cuidadora, pasándola a un segundo plano que le puede llevar a perder total o parcialmente el apoyo vital de su pareja, tenemos lo que venimos denominando Síndrome de Codependencia, en el que la vida de la mujer tiene sentido en función de la persona a la que cuida, encontrandose a su muerte con un "sentimiento de pérdida" y una "desorientación vital" base de su S. Depresivo.
Sábado, 26 de julio
Juan Luis Recio
Aurelia Delic Karavelic
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Pedro Antonio Martín
Gonzalo Sol
Pilar Carrizosa
Tierras del Olivo
Periodista Digital