Isidoro que en gloria estés
12.04.06 @ 11:35:46. Archivado en Rodríguez Zapatero
El PSOE se acaba, amigos. O, al menos, el PSOE que conocíamos hasta el momento. Dicen que lo que hizo el otro día el ministro saliente José Bono fue sonarse con la bandera los mocos de españolista leal. De eso nada. Bono se emocionó, como se emocionaría cualquiera de los dirigentes del PSOE que hemos conocido hasta la fecha. Se emocionó doblemente porque se despedía a la vez de la bandera de España y del cadáver político de Isidoro, el apelativo clandestino de aquel Felipe González de las americanas de pana. La depuración del ex-ministro de Defensa ha ido a parar a la urna donde ZP se está guardando las cenizas de Suresnes.
A Bono lo han invitado a salir de un PSOE que ya no es el que era. Bono se ha largado de un partido que ya no es el suyo y al que ZP le declaró la guerra desde el primer día que Sonsoles preguntó por la piscina de La Moncloa. Tacita a tacita y al margen de las dinámicas congresuales, Zapatero lidera la remoción orgánica y la deserción ideológica del proyecto político que, a mediados de los 70, alumbraron los González, los Guerra, los Chaves y los Redondo en el padre de todos los congresos de los socialistas españoles.
El PSOE de Zapatero ha dejado de ser un partido con sustento ideológico para convertirse en un proyecto de poder. En Suresnes, el PSOE articuló una propuesta política fundamentada en los valores de la socialdemocracia, al amparo de Miterrand y Willy Brandt, basado en un discurso fuertemente ideologizado, con el que se podía estar más o menos de acuerdo, pero al que nadie negaba su solidez intelectual y doctrinaria. El partido era el medio para lograr un fin (el ejercicio del poder de acuerdo con unas determinadas directrices ideológicas), aunque luego, algunos, confundieran el fin con un cheque en blanco, al portador, por supuesto.
Hoy por hoy, el PSOE es un cántaro ideológicamente hueco porque a ZP la doctrina de su partido le molesta para continuar en el poder. Cualquiera que demuestre alguna vinculación con aquel ideario político recibe el tratamiento que merece un lastre. Al PSOE de ZP le sobra Bono. Y también Txiqui Benegas. Y Pedro Solbes. Y Rosa Díez. Y Rodríguez Ibarra, Paco Vázquez, Javier Solana, Alfonso Guerra, Nicolás Redondo, Cristina Alberdi, Fernández Marugán, Fernando Morán o Carmen Alborch (paisana, hazme caso, no te creas ni una promesa más). ¿Sigo?
Una cosa es renovarse para no morir y otra cosa, muy otra, es morirse (o matarse) como partido para renovarse en el poder. ZP apuesta por articular y cohesionar al nuevo PSOE sustituyendo la ideología por el BOE, aglomerando al personal a través de eslóganes y fintas de gestión, y cambiando la tutela de Miterrand y Brandt por la de Evo Morales, Hugo Chávez y Suso del Toro.
Ese es el PSOE que ha prescindido de Bono. Ese es el nuevo PSOE de ZP: un partido sometido a un derrumbe controlado en el que la mitad del aparato –esa proporción que representa Bono, esa que votó para que ZP no fuera su secretario general- no nota el cuello de la camisa. Pies quietos, deben pensar: si ZP ha sido capaz de enviar a las tinieblas a Bono o Vázquez, que tienen a sus espaldas mayorías absolutas para dar y vender, qué no será capaz de hacer si le tose algún peón o algún utillero del partido.
ZP improvisó un programa de reformas radical en sus planteamientos y veloz en su aplicación. En ese horizonte, la estructura del PSOE, tal y como la conocíamos, era un elemento ralentizador para la carrera suicida del presidente. La mutación constitucional encubierta que ha supuesto la aprobación del Estatuto de Cataluña, sólo era un anticipo. Y me da igual que Bono salga ahora con síntomas de melopea españolista.
En esta crisis de gobierno tan calculada sobraban los excesos simbólicos de Bono con la bandera y el nombre de España. Han firmado el finiquito para la jubilación anticipada de aquel PSOE constitucional de la enseña nacional bicolor, para dejar paso a ese proyecto egoísta, personal y tricolor del Zapatero que vuelve la mirada al pasado, al conflicto y al rencor.
En el PSOE de los Action-Man y el envío masivo de SMS, el perfil y trienios de Bono eran como el Madelman que ya no será fabricado porque el dueño de los juguetes, sin reunir siquiera al Consejo de Administración, sin Congresos molestos, se ha cansado del pasado reciente. Antes, en este tipo de actos la empresa regalaba un reloj para la jubilación. Vale, a Bono no le cayó un peluco aunque le dejaron montar su “grand bouffe” patriótica de despedida. Pero a mí no me pidan que, encima, aplauda. Creo que ZP es un ventajista de la política disfrazado de socialista y un cínico del poder disfrazado de político sensible.
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Esteban González Pons









