Pepiño y su blusón con transparencias
20.03.06 @ 21:54:13. Archivado en Comunidad Valenciana

Este post es un justificante de ausencia. Os lo traigo para pedir disculpas: confieso que no he sabido y no he podido compaginar las Fallas con la atención que merece el blog. El pasado viernes, el político salió del despacho y las Fallas sumaron otro peatón. Hasta ayer mismo, cuando el fuego hizo resopón con la Falla del Ayuntamiento, estuve en la calle, que es la capital administrativa y sentimental de estas fiestas.
Podría decir que me gustan las fallas; o que disfruto del ambiente de la calle, del olor a pólvora, del sabor de los buñuelos; o que no me pierdo una mascletà, o que sé que en cualquier casal puedo encontrarme con un amigo.
Bastará con que diga que soy fallero. Desde que tengo uso de razón lo soy, y algún amigo (¿?) periodista se ha encargado de refrescármelo este año, publicando una foto mía de la época en la que los indios y los vaqueros todavía eran de plástico verde.
Las Fallas no sólo son la fiesta que lleva nuestro nombre y nuestra imagen a todos los rincones del planeta. Son algo más: son la expresión de la tradición popular que mejor define lo que se conoce como “valencianía”, el modo valenciano de estar y de ser en el mundo. Como las lágrimas de las falleras ante la Patrona o el olor a buñuelos, la habitual pregunta del visitante que llega por primera vez a Valencia forma parte del paisaje de estas fiestas:
Todo un año de duros trabajos, tantas horas de esfuerzo, de sueño y de dedicación para levantar las figuras de la falla, y al final …¿lo entregáis, sin más, al fuego?
La explicación es muy simple. Cierto, enviamos al fuego verdaderas joyas; es verdad, incineramos obras de arte hechas por artistas; pero con la hoguera se van los problemas, las sátiras, las preocupaciones…y nos disponemos a empezar de nuevo. Con el fuego no acaba nada: todo empieza otra vez en una mejor oportunidad que nos hemos ganado. Lo mejor de la Nit de la Cremà es que, cuando acontece, ya sabemos que sólo queda un año para que podamos revivirla.
El gran tribunal ciudadano ha vuelto a estar acertado en su veredicto. Y como todos los años, no se ha salvado (no nos hemos salvado) casi nadie, y así debe ser dentro de ese ejercicio de higiene democrática hecho con la crítica más ciudadana y mordaz. Porque no hay espacio en el mundo fallero para lo políticamente correcto y, quizás por eso, algunos siempre rechazan las invitaciones para vivirlo.
En mi falla particular, un año más, ha ardido la equidistancia que la izquierda oriunda mantiene respecto a estas fiestas. No hay indulto posible para quienes -al margen de gustos o preferencias- menosprecian las Fallas y las rebajan a poco menos que una postal folclórica. Me quedo sin absoluciones frente a actitudes de un mal disimulado repudio que bascula entre lo snob y lo elitista. Sobre todo cuando compruebo que ese rechazo envanecido les dura lo que tarda en llegar el primer fotógrafo.
Ellos solitos se queman y tengo un botón de muestra.
El Secretario de Organización del PSOE , Pepiño Blanco, vino a las Fallas el jueves pasado. Lo trajeron a Valencia. Pero ni estuvo en las Fallas ni estuvo en Valencia. Pepiño se puso un blusón con transparencias y se le veía la corbata orgánica. Las fallas sólo eran el fondo de la foto que le suplicó el secretario general del PSPV con el objetivo de rellenar el “vacío mediático” (según la terminología empleada por dirigentes del propio PSPV) que hasta la fecha suponía la ausencia de representantes del PSOE en las fiestas.
Gestos de cartón piedra, ninotadas que no engañan a nadie, pasaportes para la quema de expectativas. En la parte que me toca, gracias Pepiño. Te debo otra.
Perdón, estaba hablando de arte... Os dejo mi compromiso de no olvidar invitaros a las Fallas de 2007 en el último post que cuelgue el próximo mes de febrero. A quienes les resulte imposible acudir a nuestra Comunidad por esas fechas, les prometo que hablaré con Alfonso Rojo para que el año que viene, si seguimos por aquí, me dejen colgar una mascletà. Una ciber-mascletà. Algo es algo.
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Esteban González Pons









