Salamanca vs Barcelona
28.01.06 @ 17:26:51. Archivado en Política, Rodríguez Zapatero, Estatuto Catalán, Pancatalanismo
Las cajas del Archivo de Salamanca que pidió Carod para aguantarle el sillón a Zapatero siguen en los sótanos del Ministerio de Cultura, mientras los bienes eclesiásticos expoliados con nocturnidad y alevosía a las diócesis aragonesas permanecen en los museos catalanes.
En la España de Zapatero, la memoria, la dignidad y el patrimonio sólo tienen una dirección posible: Barcelona.
Me pregunto cuántos de los documentos que azarosamente están haciendo el trayecto Salamanca-Madrid-Barcelona irán definitivamente a sus propietarios originarios. Me pregunto si lo que realmente se pretende es dar satisfacción a un derecho de propiedad mancillado o, sencillamente, satisfacer un cierto ataque de ansiedad sentimental, llámese dignidad, memoria o lo que se quiera.
Porque si lo que se pretende con la desmantelación del Archivo de Salamanca es dar satisfacción al anhelo de ejercer plenamente la propiedad sobre la memoria colectiva, entonces, hemos abierto la veda.
El criterio sentimental de organización archivística es pernicioso. Desde el momento en que se admite y valida como criterio, las reglas del juego cambian y los jugadores tiene que readaptarse necesariamente. Dicho en román paladino: la factura de un librero de viejo por la que alguien compró hace unas décadas el "Llibre dels repartiments de les terres entre vehins de la molt Noble Leal e insigne Ciutat de Oriola", procedente del mercado negro, tras un robo a su legítimo propietario, el Ayuntamiento, es un título de propiedad infinítamente menos legítimo que el que ostentaba el Archivo de Salamanca sobre las cajas hoy expurgadas en los bajos de un Ministerio.
Así las cosas, si ZP y Mas pactan y avalan un proceso de expurgación del Archivo de la Corona de Aragón, ¿qué legitimidad nos falta a los ciudadanos valencianos para pedir que los documentos que forman parte de nuestra memoria y de nuestra historia vengan a Valencia, a Castellón o Alicante?
En un ejemplo aberrante de reglamentismo estatutario, el Estatuto de Mas y ZP, que antes fue de Carod y Maragall, convierte el Archivo de la Corona de Aragón (integrada por el Reino de Aragón, el de Valencia, el de Mallorca, los territorios que hoy forman Cataluña, y según las épocas, incluso Cerdeña y Nápoles o Neopatria) en una especie de supermercado documental en el que, siguiendo los criterios consagrados por el expolio del Archivo de Salamanca, la Generalitat de Catalunya puede ir y servirse. Con lo que quede… que se lo repartan aragoneses, valencianos, baleares y demás miembros de un pasado histórico glorioso del que los catalanes sólo son una parte tan importante como las demás.
Tiene bemoles que una organización tan poco centralizada como la Corona de Aragón sea ahora la excusa para que se cree un centralismo jacobino que en nada envidia al Madrid de Felipe V. Pero ahora el centralismo es el de Barcelona.
El Tribunal Constitucional ha levantado la suspensión del artículo de la ley valenciana de Archivos que reconoce la titularidad de los valencianos, en igualdad de condiciones con los demás territorios de la Corona de Aragón, sobre los documentos que atestiguan nuestra historia.
El Gobierno de ZP había recurrido la norma, que copia la ley catalana aprobada por CIU. El TC deberá resolver sobre a quien corresponde el Archivo de la Corona de Aragón, si a los catalanes –por el hecho de estar allí– o a todos los que tenemos allí un pedazo importante de nuestra historia, como defienden los catalanes y, por supuesto, ZP.
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Esteban González Pons



