Libertad podada
28.12.05 @ 11:36:21. Archivado en Medios de Comunicación, Montilla, Amenazas a la libertad de expresión
La nueva regulación audiovisual catalana ha encendido la mecha de una polémica en la que algunos están hurtando conceptos que, en mi opinión, no merecen perderse de vista.
Entre los parámetros del debate que se está desarrollando echo mucho de menos el término “libertad”. No sobran las referencias a la veracidad, el respeto, pero clama al cielo la falta de menciones a la libertad de expresión, especialmente si es insinuada en el debate por las alusiones a sus límites. Que la filtración que hace unos días realizó el Ministro Montilla al periódico amigo, pusiera el énfasis en el control de la veracidad, y no en la ampliación de la libertad, es, como mínimo, un síntoma. Un Montilla transmutado en Eduardo Manostijeras: sírvanse sustituir los setos y bloques de hielo que podaba el personaje de Tim Burton por la libertad –la nuestra, la de todos- y la información –la que tenemos el derecho a recibir.
Limitar una libertad es muy peligroso. Cada límite a la libertad es un avance más de la imposición. Y la imposición es tan amiga de la democracia como el gato Silvestre de Piolín.
Las democracias modernas nacieron a partir de una sociedad que le ganaba espacios de libertad al poder. Hoy asistimos a procesos que desandan ese camino. Asistimos a un indisimulado empeño en conseguir que el poder gane cada vez más espacios a costa de la libertad de los ciudadanos.
No importa si el poder lo ejerce la Administración Pública pura y dura. Da igual. También ejercen el poder estos nuevos consejos que vienen avalados por “el sector” (sea el sector que sea) y que suelen ostentar una doble legitimidad lo que, en última instancia, implican una reducción de la legitimidad democrática. Lo que importa es que los ciudadanos tenemos cada vez menos espacio de privacidad frente a lo público.
Podar las libertades no es un ejercicio especialmente saludable para las democracias. De hecho, quienes se enzarzan en estos menesteres suelen ser personas con poco o ningún aprecio por los ideales democráticos.
Yo no sé muy bien porqué, quizás alguno de vosotros pueda darme alguna idea, pero lo cierto es que, desde hace unos meses, se oye más hablar de límites a la libertad que de la propia libertad. Manifestarse en la calle, elegir la educación de los hijos, expresar libremente ideas y opiniones, son ejercicios democráticos que algunos ponen en cuarentena. Será lo que tiene pasarse el día ampliando derechos o llenándose la agenda con teléfonos de nostálgicos de Stalin. O tomándose cafés con quien arranca de la Constitución esa página donde los demócratas ponemos el artículo 20.
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Esteban González Pons



