Tres problemas
30.01.09 @ 01:03:08. Archivado en Liberalismo
Parafraseando a Cortázar, pero al revés (¡siempre al revés!) se puede afirmar con cierto nivel de certeza que tres obstáculos importantísimos, fundamentales, que se han interpuesto en la tradición del pensamiento crítico cubano (el verdadero, ese que cuestiona los estamentos del poder desde el intelecto) han sido:
-El exilio terrible de muchas de sus mejores voces.
-El grado superlativo de censura impuesto por el colectivismo de la isla.
-El bajísimo nivel de cultura política del pueblo cubano.
Lo peor del exilio no ha sido tan sólo la distancia, la imposibilidad de palpar el día a día de la nación y de su gente, sino la pérdida de legitimidad moral que ello ha presupuesto para sus intelectuales (y también políticos y gente de acción). Se ha convertido, el no residir en la isla, en lastre ético que impide la confirmación de las ideas. Y no es que el castrismo haya ganado la batalla de la legitimización, sino que los propios exiliados le han entregado a los de la isla el poder moral de la persistencia. “Y fulanito habla de los problemas de la isla como si viviera aquí, cosa que no es real…” Esa máxima desarrollada por los celadores ideológicos del régimen tristemente también se ha convertido en “Ni tú ni yo tenemos la validez moral de hacer un planteamiento de esa índole porque no vivimos en Cuba…”. Pues bien, eso desarma cualquier intento de validación intelectual. Se desarma ante cualquier “Yo sí puedo decir esto y lo otro porque vivo aquí…”
El tema de la censura no sólo no es singular de la isla, sino que es común a la totalidad de los regímenes de izquierda que se han paseado y aún se pasean por este mundo. Censurar, lo sabemos, es una garantía de éxito en circunstancias políticas determinadas. Censurar no es más que castigar por omisión.
Y lo otro, el bajo, bajísimo en realidad, nivel cultural político de los cubanos de a pie es no sólo lamentable, sino también vergonzoso. Las últimas generaciones no son más (no somos) que una consecuencia de la instauración de una revolución demagógica y profundamente populista de medio siglo. Pero, ¿y quienes dieron la bienvenida a los barbudos en La Habana? La historia podrá intentar tirar todos los cabos posibles de salvación (la justificación moral, ese lastre) a los responsables de tanto desastre, de tanta idolatría, pero al final la condena no puede ser más que unánime: ¡Culpables! Y dicha culpabilidad no fue más que el reflejo de la pobreza de espíritu y de la incultura política de la nación.
Tres factores que pueden repetirse hasta el cansancio. Tres obstáculos que pueden colocar por siempre en el panteón de los caídos al pensamiento crítico cubano.
Camilo López
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