Bentham y Rousseau: un ejercicio policiaco
26.01.09 @ 01:14:40. Archivado en Liberalismo
Jeremy Bentham, notable pensador inglés, ideó hacia finales del siglo XVIII un modelo penitenciario por encargo del rey inglés Jorge III, al cual denominó Panóptico. Por esos azares del destino, el proyecto caló más, en su momento, entre los hacedores intelectuales de la revolución francesa (con Rousseau a la cabeza) que en las fronteras territoriales de la Gran Bretaña e Irlanda. Bentham, un soñador en fin de cuentas, creyó que su modelo Panóptico no sólo podría usarse como establecimiento carcelario sino que también podría resultar utilísimo en fábricas y escuelas militares.
El proyecto arquitectónico consistía, en fin de cuentas, en un edificio circular con una torre central, atravesada por amplísimas ventanas abiertas sobre la cara interior del círculo. A su vez, el edificio circular se hallaba dividido en celdas. Cada celda, dos ventanas. Una hacia el interior, conectando con las ventanas de la torre. Otra hacia el exterior, dejando pasar la luz de un lado a otro de la celda. Esta descripción la tomé casi literalmente de la que hizo Michel Foucault a sus entrevistadores Jean-Pierre Barou y Michelle Perrot en un célebre coloquio conocido como “El ojo del poder” y que sería editado en español por la casa La Piqueta, de Barcelona.
Lo interesante de este proyecto y de esta historia es que Jeremy Bentham, sin dudas un personaje ambicioso con ansias de trascendencia, puso quizás por vez primera a la arquitectura en función del poder, o de la administración del poder, para ser exactos. Hasta ese entonces el arte constructivo había reflejado visualmente el poder, en forma de castillos, mansiones, grandes plazas públicas y centros de recreo; era una manifestación necesaria del poder, pero nunca, me atrevo a decir, había funcionado como complemento de un ejercicio represivo, como mano ejecutora y controladora del poder. De hecho, Bentham alardearía en muchísimas ocasiones de que su Panóptico sería la gran innovación en materia de ejercer el poder acertada y fácilmente. Es decir, Bentham ideó una especie de vigilancia policíaca social que perfectamente podía ser empleada, de forma práctica, en el vivir diario de la revolución francesa.
En 1791 el pensador inglés fue premiado con la ciudadanía francesa tras la aprobación explícita de su proyecto por parte de La Fayette. Tal y como lo califica Foucault, Bentham se convirtió en el complemento de Rousseau. Por un lado, el filósofo francés, el padre intelectual de la revolución francesa, aspiraba a una transparencia total de la sociedad (sobre todo de sus enemigos) donde no existieran zonas oscuras, donde la individualidad del hombre fuera restringida, cuestionada y analizada. Por otro, Bentham ofrecía el implemento práctico con el cual lograr esa transparencia en determinadas y problemáticas áreas: cárceles, escuelas y fábricas. Sin dudas, fue el comienzo de ese concepto tan típico que ha animado a múltiples sistemas totalitarios desde los tiempos del más férreo estalinismo: la represión preventiva. Cada movimiento sospechoso, cada gesto, cada acción, quedaría, gracias a las luces y a los amplios ventanales, al descubierto. Se hacía realidad aquello de que “Cada vigilante se convierta en camarada” (Rousseau), trastocándose en “Cada camarada se convierta en vigilante” (Bentham). Es el advenimiento de la nueva justicia “popular”, donde ya no sólo se castiga, sino que se reprime antes de que se cometa el delito. Es, tal y como dice Foucault, el impedimento de hacer el “mal”, de construir lo “nocivo” debido a la mirada de los otros, al discurso de los demás.
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Camilo López
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