Apuntes sobre Intelectualidad y totalitarismo: 1.
18.01.09 @ 02:53:10. Archivado en Liberalismo
La intelectualidad cubana, la oficialista, la de intramuros, esa que desarrolla su labor de raciocinio dentro de los límites morales que impone el totalitarismo castrista, es fiel a base de obligaciones y presiones. Sí, es cierto que pueden existir determinadas prebendas provenientes de los poderes estatales, pero ello no cambia la naturaleza misma de la intelectualidad criolla, que más que fiel es servil. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo es posible que un sistema profundamente injusto como el cubano no permee la sensibilidad de quienes se supone sean más sensibles que el resto? ¿Cómo explicar la unanimidad entre quienes se dedican al arte de construir palabras e ideas (una denominación de Robert Nozick) dentro de la isla?
Joseph Schumpeter comenta en su “Capitalism, Socialism and Democracy” que sólo un gobierno de naturaleza no burguesa y credo no burgués es suficientemente fuerte como para “meter en cintura” a los intelectuales. Por lo tanto, todo se trata de control. El mismo control policiaco que se ejerce en contra de la sociedad, en su conjunto, es experimentado por aquellos que tienen como profesión o leit motiv pensar. Así que estamos hablando de un pensamiento vigilado y por ende de un raciocinio viciado. En regímenes totalitarios de izquierda (lo cual a estas alturas es una especie de redundancia conceptual) y quizás en gobiernos fundamentalistas islámicos la opinión de los intelectuales no es fiable porque no es independiente, porque responde a intereses partidistas o ideológicos de una manera organizada. Es el aplastamiento de la individualidad como recurso y método. Y paradójicamente esto acomoda a muchos intelectuales que, según algunas teorías neo conservadoras, en sistemas colectivistas sienten como se acrecenta su poder al seguir y supervisar las políticas que se ejecutan.
En toda sociedad con atisbos de libertades individuales podrá visualizarse y constatarse la existencia de un pensamiento intelectual crítico, opositor, muchas veces militante, equiparado en ideas y posiciones a esa otra intelectualidad servil que opera desde Cuba, por ejemplo. Es así que los intelectuales libres por regla general atacan al propio sistema que los seguidores del castrismo. Unos por ejercer un papel de crítica consciente y muchas veces exagerada, los otros por indicaciones precisas de un agente controlador (el gobierno). Ello quizás explica en cierta forma el predominio de intelectuales que atacan al capitalismo.
De todas formas, un hecho es claro: toda sociedad permisiva con la crítica individual es mucho más libre y mucho más justa, a contrapelo de lo que opinen los propios intelectuales, que aquella que sólo recibe halagos y sospechosas alabanzas.
Imagen: Ralph Morse, para Life.
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Camilo López
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