El contrasentido del intelectual.
28.11.07 @ 23:17:08. Archivado en Colaboran
Por Emilio Ichikawa Morín.
Especial para Estancia Cubana.

Hay por lo menos dos elementos que pudieran definir al castrismo:
1-Panideologismo. Ideologización extrema de la sociedad.
2-Discursividad anticapitalista. Demonización del mercado y, particularmente, del consumo.
Si esto fuera por lo menos aceptable, y quisiéramos definir el anticastrismo por antonomasia, deberíamos concluir entonces que este tiene dos ejes medulares:
1-Desideologización. Esquiva de aquello que aspire a justificarse dentro de un sistema discursivo para-lógico, coherente y falso a la vez.
2-Práctica capitalista. Esto es importante: la “discursividad pro capitalista” estaría en la antípoda solo en lo concerniente al contenido mismo de la retórica, pero sería no más que eso: palabrería, discurso (anticomunista). De lo que se trata es de una oposición en los dos términos contenidos en la frase.
El punto aquí es que el intelectual, aún cuando quisiera oponerse al castrismo en tanto intelectual, no puede pasar del límite en que produce ideología anticastrista; de esta forma, aún negativamente, participa en el ambiente panideologista propuesto por el mismo castrismo.
Al “ideólogo castrista” no le es muy dolorosa la metamorfosis en “ideólogo anticastrista” precisamente por eso, porque aunque cambie el contenido conserva el estilo, el método, el procedimiento, que es la producción discursiva. La conversión del intelectual “revolucionario” nunca es radical sencillamente porque no puede serlo, porque el sujeto se transforma solo parcialmente; finalmente sobrevive y refuncionaliza básicamente como intelectual.
De la misma forma, si se aceptase que el castrismo es una ideología de izquierda (para no entrar en otro tipo de argucias más sofisticadas), nos veríamos con la imposibilidad de constituir un anticastrismo como discurso de derecha. El intelectual convertido, que como anticastrista debe ser crítico del estatismo, debería ahora sumarse a la institución académica, a la caza de becas o ayudas del estado, solo que ya no para halagar a Castro sino para criticarlo. Resulta que el intelectual, como intelectual, y dado la posición objetiva que ocupa en el sistema de producción y reproducción de la riqueza social no puede ser sino de izquierda. Al menos eso es lo que indican la razón y el mismo sentido común.
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Camilo López
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