Lo mismo
22.11.07 @ 18:59:16. Archivado en Cuba
Por Camilo López Darias.

Cuando el pueblo de toda la isla se lanzó a las calles a darle una soberbia bienvenida a la caravana de barbudos, nada nuevo acontecía. No era más que la repetición de apoteósicas exaltaciones anteriores a gobernantes y caudillos, como si la necesidad de otorgar categoría mesiánica fuera vital en el cubano.

Muchos, que ni siquiera sabían muy bien de los “Cristos de la Sierra”, gritaban, saqueaban y festejaban a semejanza de los otros, los que echaban afuera sus resentimientos y sus odios. El fenómeno mediático, atizado luego por la propaganda sin límites del régimen, se encargó del resto, se encargó de borrar las semejanzas previas y de exaltar el “triunfo revolucionario”.

El 18 de mayo de 1902 una enorme multitud de personas se reunió para despedir al general Wood en las calles de La Habana, previo ensayo de la alegría que explotaría dos días después, durante la toma de posesión de Tomás Estrada Palma y la fundación de la república. Sombreros al aire y semblantes de alegría y de esperanza inundaron cada rincón de la capital con desparpajo antillano.
EL 28 de enero de 1909, miles y miles de criollos aclamaron con fervor nacionalista al mayor general mambí José Miguel Gómez, el más popular, sin dudas, de los políticos de la vieja república. La plaza de armas, atestada de felices habaneros, explotó en risas y llantos de emoción durante la posesión presidencial que finalizaba con la regencia norteamericana de tres años que rigió los destinos de la isla.

Y si de sistematización apológica se trata, el período de 1925 a 1928, primer mandato de Gerardo Machado, es una muestra ineludible de cuánto santificamos a caudillos. Fueron cuatro años de homenajes, veneraciones vergonzosas, agasajos universitarios y proyectos de estatuas, que alcanzaron su punto culminante en 1927, cuando un multitudinario recibimiento desde muelles hasta palacio derivaría en viaje proselitista por la isla y nuevo recibimiento con el héroe llevado en hombros.

Tras el segundo período machadista y el descrédito del antiguo general mambí, una muchedumbre inmensa saqueó los símbolos antiguos del fenecido régimen y celebró, en superlativa marcha por la avenida de las misiones, el arribo de la revolución del 33. El 10 de septiembre se calificó a Ramón Grau de apóstol de la cubanidad, mientras era ungido como presidente transitorio. El histerismo se apoderó del pueblo.
Lo mismo tras la gobernatura de Batista el 10 de octubre de 1940. Homenajes, premios y menciones. Apoteósicas marchas y movilizaciones milenarias. Y nada, quizás, como cuatro años después, cuando la segunda toma presidencial de Grau y su famosa frase: “No soy yo sino el pueblo, el que está tomando posesión de la presidencia”. Orgasmo colectivo y santificación de quien luego sería odiado. Cosas de nuestra historia, pesarosa y oscura.
Foto # 1: Estrada Palma es nombrado presidente, en compañía de Máximo Gómez y el general Wood.
Foto # 2: Turbas destruyendo tras la huida de Machado.
Foto # 3: Ramón Grau aclamado en Septiembre de 1933.
Foto # 4: Carlos Prío vitoreado tras su regreso a Cuba en 1955.
Foto # 5: Castro en Columbia, 8 de enero de 1959.
Camilo López
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