Un trono ausente
20.09.07 @ 00:10:30. Archivado en Cuba, Mundo
Por Camilo López Darias.

Escuchando un soporífero discurso del mandatario boliviano Evo Morales, me doy cuenta de lo obvio: la elocuencia populista e incendiaria del dictador Fidel Castro, omnipotente en su inmensidad de poder sin contrapesos, no deja herederos entre sus seguidores ideológicos. Se extingue el verbo provocador a la par del anciano moribundo. ¡La plaza de orador en jefe, desolada!
¿Pueden permanecer los totalitarismos sin el manejo avasallador de la palabra? Tenemos el tecnocratismo soviético y de la Europa oriental como ejemplos casi concluyentes. Pero… hablamos de una isla caribeña acostumbrada al mesianismo dirigencial. ¿Y qué nos queda? Un parco Raúl, príncipe sucesor, que aborrece a los espacios abiertos y a la gente.
En la zona, enarbolando la bandera del chauvinismo revolucionario, un Hugo Chávez embrutecido, vitriólico y enardecido, que despierta más desagrados y desaires que deseos de arrastrase tras su “obra”. Un Daniel Ortega tan cansón como Morales, y un Correa prepotente.
Por cierto, Augusto Pinochet jamás se destacó como orador. Pero dejó innumerables frases cargadas de agudeza. ¿Ejemplos?
"Parece que (los políticos) me tienen pánico, por eso que se llevan hablando de mi".
"Hay muchos que quieren que me muera, pero no estoy ni siquiera resfriado".
"Roma cortaba las cabezas de los cristianos y éstos reaparecían una y otra vez. Es algo parecido lo que pasa con los marxistas".
Camilo López
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