28.08.07 @ 03:28:44. Archivado en Cuba
Por Camilo López Darias.

Inalterable a lo largo del tiempo, como uno de los ejemplos más notables del inmovilismo “revolucionario”, la diatriba populista de la nomenclatura cubana se repite y se repite sin recesos desde sus mismos inicios. Este anquilosamiento del discurso oficial, instaurado tras la rápida implantación de neologismos tan bien descritos por Orwell en su monumental “1984”, oculta con premura el espíritu de cambio que se refleja en el lenguaje bajo la densa sombra de los populismos izquierdistas. Es la diatriba antirrevolucionaria por esencia, característica de las revoluciones. ¿Contradicción? No, realidad.
Un 26 de Agosto de 1961 el naciente dictador Fidel Castro discurseaba acerca de la ya difícil situación económica que prevalecía en la isla. Si algo hay que reconocer en estos casos es la premura destructiva de los sistemas “socialistas”. En una alocución donde la mención del asesino Che Guevara fue lo más vitoreado y aplaudido, Castro como siempre acusó a los Estados Unidos de todas las miserias de su proceso nacionalista al mismo tiempo que criticaba la escasez mañanera de malanga y se contradecía con esa “La revolución no se halla ante ninguna crisis de producción” o “La producción ha ido aumentando paulatinamente”.
La ausencia obligada de Castro ha librado al cubano de a pie de estos ejercicios retóricos constantes. Los discursos han pasado a mejor vida.