Rumores de un Castro que es cadáver
23.08.07 @ 17:10:47. Archivado en Cuba
Por Camilo López Darias.

El rumor es un fenómeno social. Como cuestionador de la “verdad” y de la “objetividad” de los medios oficiales, suele constituirse en ente acusador de la censura. Y a pesar de no contar con elementos probatorios objetivos capaces de demostrar su veracidad, su carácter improvisado establece y restablece consensos colectivos en torno a un determinado tema, por lo general “crítico” en términos de relevancia subjetiva.
Se rumora que Castro ha muerto o que al menos su estado de salud ha sufrido una importante nueva recaída. Se habla de una peritonitis y de una sexta intervención quirúrgica en el período de un año. Se dice que la escolta personal ha sido reasignada y que la cúpula política navega en aguas de incertidumbre. Se jura que la “mesa redonda” no es ya la de antes y que la prensa cubana expele olor a funeral.

No hay que culpar a los actores que intervienen en esta trasmisión exponencial y encadenada del ya clásico “run run” cubano, ni a los sitios digitales con fotos de “Mercedes”, ni a las “fuentes anónimas” de los contertulios de Oscar Haza, ni a la “seguridad”, ni a la corresponsal de ese “Reforma”. La responsabilidad va atada a la mano de la ambigüedad del totalitarismo, al secreto de estado inoperante y al propio Castro, cadáver político en los estertores de su vida.
Al menos estos rumores repetidos que con disciplina eterna volverán al ruedo una y otra vez mientras el dictador no muera, nos brindan señales responsables, (amén de la incertidumbre intelectual y de la ansiedad personal que suelen provocar) que como termómetro en la axila de un infecto miden la temperatura de lo que acontece adentro. Y funcionan como claro elemento de persuasión en la toma de importantes decisiones de cariz político, e incluso, juegan un rol gratificante para aquellos que los emiten.

La expectativa que pudiera reinar hoy en La Habana es directa consecuencia de todo lo que se ha dicho fuera de las fronteras de la isla. Las ausencias del 26 de Julio y del 13 de Agosto y sobre todo el silencio oficial a las aseveraciones de la corresponsal del diario mexicano alimentan ese carácter “previsualizador” tan común a los cubanos. Pero fuera de ello, nada serio que pueda comprobarse. Y es que al final ni siquiera guarda más relevancia que otras cosas. El dictador soberbio ya no existe. Sólo sobrevive por ahora su monstruoso legado de terror, aunque el champán esté guardado para el día en que el rumor se concrete en realidad
Camilo López
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