Los disfraces de Castro o una lacónica reseña del fracaso
16.08.07 @ 15:08:25. Archivado en Cuba
Por Camilo López Darias.

Castro viste desde que muere ese ridículo “mono”deportivo Adidas, con banderita y nombre incluidos a un costado, como si de un deportista insigne se tratase. Sin dudas es su última obsesión, su quimérica pasión frustrada. Relata Pardo Llada, ex padrino político de Fidel, que en tiempos del colegio de Belén, un joven Castro practicaba a todas horas, lanzando sliders, curvas, knuckleballs y rectas contra un descascarado muro de cemento que se levantaba en el patio de la escuela, atesorando el sueño de algún día convertirse en una estrella reluciente y deslumbrante del pitcheo de las Grandes Ligas.

Y de las fotos rescatables de su infancia juvenil siempre se priorizaron aquellas en que jugaba a ser basketbolista, “culillo” repetido y perpetuado al infinito con esos partidos de pelota en que con estampa más cercana a ZZ Top que a Martín Dihigo y Adolfo Luque lucía orgulloso un uniforme con bombachas.
Debe haber sido Castro un deportista horrible, sin la gracia y el talento de los elegidos y los fuertes. Un fracaso, tal y como aconteció durante su vida guerrillera donde también se disfrazó, esta vez de verde olivo. O como cuando estrenó ese terno azul a rayas “Pierre Cardin” simulando ser hombre profundo y de brillantes ideas. Simulación perpetua y el “arte” de aparentar lo que no se es.

Castro se muere, en fin, con la misma mediocridad de entorno que acompañó su vida. Gangster frustrado y dirigente estudiantil inexistente, pésimo guerrillero jamás herido en la batalla, hacedor destructivo de un proceso sin ideología, lega una nación entera en las penumbras, en ascuas, de post guerra. Un desastre sin filosofía ni razón. Los numerosos uniformes o disfraces de Fidel, obsesiones y “culillos” permanentes, no han sido más que el reflejo exacto y verdadero de la locura malsana, esa que lidia y que no transa con la brillantez de pensamiento.
Camilo López
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