Diálogo e Infiltración
07.08.07 @ 03:05:27. Archivado en Cuba, Miami
Por Camilo López Darias.

Tras la llegada a su fin de la vida política de Fidel Castro, numerosas voces se han alzado a lo largo y ancho del exilio para pedir el levantamiento unilateral del embargo norteamericano hacia Cuba, así como para exigir el reposicionamiento del diálogo tolerante y persuasivo. Son válidas las diferentes opiniones, por supuesto. Si algo se necesita en una transición futura es la presencia incuestionable de la diversidad democrática de pensamiento. Y sin embargo, se hace imprescindible poder diferenciar la paja infértil y obstaculizadora que abona la perpetuidad del régimen, de la intención honesta y redentora de quien desea la caída de una tiranía inhiesta sin concesiones vergonzosas.
La historia suele repetir sus circunstancias casi de manera permanente, a tal punto que desde una considerable lejanía se confunde y amalgama como si de una sola se tratase. Estos hechos, repetitivos en el tiempo, deberían al menos conformar patrones y permitir lecturas edificantes y hasta resolutivas.
Un 31 de Enero de 1980, el hasta entonces reverendo presbiteriano Manuel Espinosa se personó en el hotel Columbus de Miami, ante decenas de periodistas, micrófonos y cintas. Miembro del llamado “Grupo de los 75”, éste hombre que había emigrado en 1962 narró con lujos de detalles el accionar del ‘apparat’ castrista en funciones de reclutamiento y asesoría del pensar. Espinosa, decepcionado de la retórica del “viejo exilio”, abordó el 23 de Marzo de 1975 la embarcación “El Guajiro” y se apareció en las costas de La Habana clamando angustiosamente por la reunificación de la familia cubana. La travesía marítima lo destinó a una corta pero amarguísima estadía en una pequeña celda de la célebre Villa Marista. Un clásico oficial del “Ministerio”, con atuendo verde olivo y bigotillo estalinista, le susurró al oído tras fatigosos interrogatorios, que sólo con el cese del “bloqueo”, el gobierno “socialista” cubano permitiría el reencuentro de las familias separadas.
En su vuelta a la soleada Miami y desde el púlpito pentecostal, Espinosa comenzó a pedir a gritos y zancadillas el cese del “injusto bloqueo contra el pueblo cubano y su gobierno”. A finales del mes de Enero de 1976, el reverendo es contactado por Ramón de la Cruz, cónsul del régimen caribeño en la isla de Jamaica y al mismo tiempo, como suele suceder en estos casos, mayor del Ministerio del Interior. “Tenemos interés en conversar con usted”. La reunión se efectuó en el hotel “Collazo”, donde el alto cuadro de la DGI Eladio García, conocido también como Isidro Gómez, escuchó con paciencia y una indisimulada sonrisa las quejas de Espinosa referentes al exilio y su convencimiento de que la “revolución” cubana había vencido definitivamente. “Ahora sólo represento a los fieles de mi parroquia, que quieren reencontrarse con sus familiares”. La respuesta de García/Gómez no se hizo esperar. “Estamos dispuestos a llevar adelante una solución de este problema, bajo una condición, que tú cooperes con nosotros y nos muestres que hay honradez en tus palabras”. Dos meses después, en un nuevo encuentro suscitado en Montego Bay, las instrucciones fueron claras y precisas: “Hay que criticar al bloqueo y pedir su cese. Ah, y hay que aceptar la irreversibilidad de la revolución”. ¡Que curioso! El mismo discurso se ha mantenido a lo largo de los años:
“El bloqueo es injusto y no resuelve nada”.
“La revolución nunca se va a caer”.
“Ahora le toca a Raúl por medio siglo más”.
“Tanto hablar, tanto decir, y al final la vida sigue igual”.
Y es que el patrón de conducta enarbolado por la Seguridad del Estado, esa morcillesca y litigante policía del pensamiento tan ejemplarmente descrita por George Orwell, ha sido siempre el mismo en relación a Miami, la “Sodoma y Gomorra” que molesta como piedra en el zapato. Entre sus prioridades programáticas pueden identificarse cuatro puntos fundamentales:
1-La manipulación selectiva de los medios de comunicación.
2-La creación de fisuras entre las diferentes organizaciones políticas.
3-La información al FBI de actividades de grupos de exiliados para involucrar a las autoridades norteamericanas en su persecución.
4-El doble discurso migratorio.
En trabajos futuros abordaré con menos premura el tema.
Regresando a Espinosa, tras el encuentro de Montego Bay con el oficial García/Gómez, su iglesia comenzó a ser financiada directamente por el régimen de La Habana, que al mismo tiempo enviaba emisarios y simpatizantes a reunirse para conspirar y planificar el cómo hacer de Miami un lugar más “amigable” para la “revolución”. Era, en resumidas cuentas, la concreción de aquellas palabras del directivo cubano Juan Carbonell: “Vamos a la conquista de La Florida. Se la vamos a cambiar a Jimmy Carter por Guantánamo”.
En las disciplinadas visitas mensuales de Espinosa a Jamaica, informaba a los oficiales a su cargo acerca de grupos opositores y figuras relevantes del exilio. Y de manera simultánea, innumerables cubanos residentes en el sur de La Florida arribaban a la ciudad de Kingston, atraídos por lo que ya se comentaba en todas partes: la futura condescendencia del régimen, que en un gesto magnánimo y bondadoso permitiría la reunificación familiar luego de tantos años. El recorrido entre la capital del sol y la ciudad negra del Caribe era para entonces un hervidero soberbio de amigos, admiradores y curiosos. La antigua isla benefactora de corsarios y piratas se había convertido así, tras la fachada del interés humano y personal, en un verdadero nido de espionaje, alimentado y estructurado desde algunas oficinas en La Habana.
Una especie de batalla mediática suprema, administrada con tesón casi fundamentalista, comenzó a librarse sin trabas ni cortapisas, donde crear estados de opinión favorables a la dictadura de la isla, parecía ser el fin supremo. De allí la conformación de periódicos y publicaciones, y la compra de políticos e iglesias. Como experimentado oportunista, el régimen manipulaba el tema de la reunificación, tal como lo hace ahora con las visitas familiares, para penetrar en el exilio y derrotarlo.
El 21 de Agosto un banquero conocido de la comunidad miamense, Bernardo Benes, ex vicepresidente del “Continental Nacional Bank”, entra al ruedo de los contactos con la isla, quizás muy a pesar del reverendo Espinosa, quien llegó a aborrecer a aquel personaje vanidoso, egocéntrico y soberbio. Charles Dascal, pro castrista y jefe inmediato de Bernardo, había sido investigado profundamente por el FBI debido a serias sospechas de lavado de dinero proveniente del narcotráfico internacional. Benes, repleto de ambiciones, inauguró presuntamente el llamado diálogo Comunidad-Cuba que buscaba la liberación de prisioneros políticos y el reinicio de los contactos familiares. A prisa se constituyó el llamado Grupo de los 75, al cual pertenecían aquellos individuos aprobados por el DGI y las autoridades de La Habana, entre los que se incluía, no era para menos, Espinosa. Benes no pasó nunca, a pesar de sus manías de grandeza, de ser un simple recadero entre los dos gobiernos. Y el tan promocionado Grupo de los 75 no fue más que una “tapadera” para ocultar las directas conversaciones y sin intermediarios que se suscitaron entre Washington y La Habana, según lo corrobora Wayne S. Smith, quien estuvo al frente de las negociaciones de Cuernavaca aquel Agosto del año 1978, cuando se establecieron condiciones y promesas: la liberación de 3 600 prisioneros políticos y la autorización para los viajes de aquellos que se fueron. Entre los reos “rescatados”, un 66 % gozaba ya de libertad y sus condenas se habían suscitado por intentos frustrados de salida ilegal del país.
¿Qué ganaba la tiranía castrista tras esta apertura aparentemente sin condiciones?
La respuesta se conocería con oportuna inmediatez. A partir del segundo encuentro entre los 75 y el propio Fidel Castro fue que se crearon innumerables organizaciones y proyectos, en pleno territorio norteamericano, para diseminar simpatías a favor de la dictadura, y para establecer compromisos, algunos irrompibles hasta ahora.

La ATC (Alianza de los Trabajadores) era dirigida en Miami por Hilda Romeo y Marcos Raúl Correa, atendidos ambos por el oficial del MININT Eduardo Lastra. El MACU y el CCC agrupaban a músicos, artistas y compositores, y pretendían engrosar las arcas del régimen castrista con dineros provenientes de derechos de autor. La hoy analista Marifeli Pérez Stable era la dirigente principal, hecho no solamente constatado por el reverendo Espinosa, sino también por el ex agente de la DGI Jesús Pérez Méndez, quien confirmó que la integrante de la brigada “Antonio Maceo” era atendida directamente por el agente Jesús Arboleza Cervera. Como miembro de los “Maceitos”, Pérez Stable también tuvo una importante participación en la administración de la agencia de viajes “Cuba Travel”, recibiendo dinero por cada turista que enviaba a la isla, siempre utilizando el “Círculo de la Cultura Cubana” como justificación. Francisco Aruca, Rafael Betancourt y Miriam Contreras la acompañaban en el lucrativo negocio.
Gerardo Moreno, un exiliado chantajeado por el gobierno de La Habana, fungió como presidente de la “Asociación de Pequeños Comerciantes”, confiando en la promesa de que sus familiares en la isla algún día serían liberados. Maria Cristina Herrera, monitoreada de cerca por funcionarios del ICAP, estuvo a cargo del llamado “Plan de los Estudiantes”. Otra agencia de viajes, “Habanatur”, puso a circular 70 millones de dólares provenientes del régimen cubano, y fue el propio Bernardo Benes quien administró las operaciones, siempre en contubernio con los Maceitos. Carlos Alfonso contrabandeó café que Cuba revendía. Y así, un largo etcétera que a veces da la impresión de redituarse en estos días.
El reverendo Espinosa murió el 6 de Agosto de 1987 de un Infarto Agudo del Miocardio. Antes se había librado de un atentado aparentemente organizado por el llamado exilio de terciopelo, ése mismo que ahora se queja de intolerancia y censura. Vale la pena recordar, para cuando se atisbe el largo brazo de la dictadura en las calles del exilio, se reconozca que a pesar de las protestas de ciertos sectores, no se trata de una inconsecuencia ficticia y paranoica. Algo para colocar en su justo sitio en estos días de pedidos y acusaciones.
Camilo López
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