Oscar y Raúl
05.08.07 @ 12:36:14. Archivado en Cuba, Miami
Por Camilo López Darias.

Oscar y Raúl se criaron en las calles de Regla, entre el salitre del mar de la bahía y la rumba de tambores africanos. Fueron juntos a la escuela en la década del 30, bajo revueltas populares, la Charanga y el Son. Crecieron, se casaron y tuvieron hijos. Siempre juntos. Amigos inseparables a pesar de los muertos de Batista y las bombas en los parques y los cines. Oscar se convirtió en un maestra tapicero y Raúl puso una cafetería con su padre. Llegó la revolución, adornando las esquinas y rincones con carteles de Fidel y consignas chauvinistas. Oscar pasó a trabajar en las oficinas del Poder Popular y Raúl perdió su negocito. Jamás hablaron de política en las noches calurosas de apagones ni en las colas de la bodega del barrio.
Raúl se fue para Miami en la primavera de 1968, buscando lo perdido en esa otra Cuba que nunca lució igual. No supo más de su amigo. Oscar crió nietos en la casa de siempre, olvidando la existencia de Raúl.
Y los años pasaron. Se cayó un muro repleto de graffitis y el "período especial", con su cuota de hambre y de miserias, minó el espíritu de muchos. Oscar llegó a Miami en los albores del siglo, viejo, cansado, repleto de canas y temores. Una llamada telefónica buscando trabajo y el encuentro accidental con Raúl.
Hoy se les puede ver sentados, todas las mañanas a las diez, en una pequeña cafetería de Westchester saboreando el café negro y contando sus historias. Nunca hablan de política ni transiciones. Sólo recuerdan sueños y baños de aguaceros en el barrio de Regla, hace ya tiempo.
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