Madrid, La Habana y un diálogo de mentiritas
02.06.07 @ 20:48:16. Archivado en Cuba, España
Por Camilo López Darias.

La sonrisa complaciente del canciller Moratinos cuando Felipe Pérez Roque calificó a los disidentes como “mercenarios del imperio”, inhabilita al gobierno español de Zapatero para atribuirse el papel de nación mediadora entre el régimen y la oposición cubana.
Madrid peca de parcialidad extrema, con la defensa de sus intereses económicos como premisa. La dirección del PSOE no es honesta con relación a la isla. No hay que descartar el hecho de que por algo fue escogida como interlocutora por la cúpula castrista. (Cuando utilizo el término “castrista” le adjudico doble significado: pseudo ideología militante y poder militar).

De allí se establece un diálogo sesgado, donde prevalece como política de imagen la más sutil hipocresía. Sumemos que hay una vocación paternalista en el corazón político de España, relativizándose a aquellos sectores de la Cuba social que adolecen de poderes. El problema en negociaciones de este tipo es que el gobierno de La Habana no necesita por un lado de algún diálogo, y por el otro La Moncloa sólo pretende eternizar sus inversiones financieras.
Emilio Ichikawa plantea que la base de un real intercambio de opiniones sobre la problemática cubana requiere de una disposición sincera por parte de los grupos involucrados, marco donde la España inversora no juega realmente ningún papel de relevancia. (Esto último lo añado yo). Y esa disposición se encuentra ausente en las más altas esferas del poder castrista. Para la cúpula gubernamental cubana negociar significa simplemente perder cuotas de poder, lo que sumaría a su palmares de ilegalidad concreta una legitimidad en ascuas, mantenida hasta ahora gracias a la violencia política.
La otra parte de la moneda, el exilio histórico cubano, adolece de representatividad y no confía, amén de sus errores y vergüenzas, en una dirección política que ha excluido a las víctimas con un discurso agresivo y una propaganda sin cuartel.
Soy pesimista cuando de diálogos “salvadores” se trata. La opción de un Pinochet obligado a conversar con el dedo acusador de Lagos tras las presiones ejercidas por el gobierno de Reagan, no es un escenario actual. Por alguna razón las dictaduras de izquierda son mucho menos propensas a intercambiar ideas. No esperemos demasiada voluntad en los raulismos que se vienen.
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