Una de las que le gritó a las Damas de Blanco
25.03.07 @ 04:57:20. Archivado en Cuba
Por: Camilo López, desde Miami

Mirta Cuervo grita desaforadamente en medio de la calle. Salió de su casa del Vedado temprano en la mañana para coordinar con sus amigos escogidos los pasos a seguir. Viste buena ropa traída de la “Yuma” y vive cómodamente junto a su marido Amador Del Valle, ex viceministro de transporte.
Mirtica conoce a cada una de sus oponentes con exactitud. Las sigue, las vigila, las acorrala todo el tiempo. Todo sea por la revolución y su amado Fidel. Todo sea por la buena vida.
El día se muere en el ocaso y Mirtica regresa después de la labor cumplida. En el número 165 de la calle 28 reposará con el alma sucia y una sonrisa horrible en medio de su rostro.
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Al lado del edificio donde viví en la Víbora, residía un hombre que ya desde el 91, cuando mi hijo estuvo tres semanas detenido en Villa Marista, empezó a vigilarnos e informar sobre nosotros, especialmente sobre mi hijo y sobre mí.
Al anochecer del sábado 8 de febrero de 1997, cuando me disponía a comer arroz con frijoles colorados, tocó a la puerta de nuestro apartamento para decirme que al día siguiente, a las 9 de la mañana, tenía que estar en el comité de zona de los cdr. Le pregunté para qué y no me dijo.
Inmediatamente llamé a Raúl Rivero a su casa y me dijo que no fuera, que ya a otros periodistas independientes les habían citado y que todo indicaba que algo se traían entre mano. Antes de que amaneciera el domingo salí de la casa y no regresé hasta por la noche. Al otro día...
Estoy seguro que duerme tranquila, hasta el dia en que comience a invadirla el miedo. Porque ese dia llegara.
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