¿Cuál es el límite?
05.03.07 @ 17:55:54. Archivado en Tellechea
Por: José Antonio Tellechea
El que nos imponemos, o el que nos imponen.
El que nos imponemos, cuando conocemos de nosotros mismos, lo suficiente, para entender nuestras limitaciones, sin que haya razón alguna que nos obligue a dar más allá de ellas, ni desdoblarnos en personas falsas, el balance entre el ser y el tener, el compromiso de opinar sin esperar castigo, compensar el quehacer rutinario con un paréntesis de albedrío. El saborear los placeres sencillos y vivir y valorar, tanto lo simple como lo complicado. Sentir satisfacción por lo que hago, amar a un ser humano y ser amado. Dar de ti, cuando no te piden, no pensar en la muerte, no vivir en el miedo. Sentir que la esperanza, pocas veces te ha fallado, y por tanto es alcanzable. Este es el límite de la felicidad, que resulta ilimitada. Esto es la Libertad, sabiendo ser libres.
Así, puede ser libre un obrero, un ministro, un poeta o un jubilado.
El que nos imponen, cuando conociendo nuestras limitaciones, tenemos que fingir que iremos más allá de ellas, y comenzamos a crear una persona en paralelo, el desbalance de ser, para no tener nunca, el compromiso de opinar tan solo lo que no conllevara castigo, compensar el quehacer rutinario con el desaliento, el sonar con placeres sencillos y complicados, y valorar como serian si fueran reales. Saber que lo que hago no tiene significado, y cuando amo no hay entrega desinteresada. Pedir por costumbre, aunque no te den, y acostumbrarte a ello. Pensar más de una vez en la muerte como solución, y vivir en constante miedo, ya sin saber por qué. Sentir que la esperanza no tiene color, y es cosa de poetas. Este es el límite de la infelicidad ilimitada. Esto es opresión, sabiéndose oprimido.
Así, el obrero no sabe para quieen, ni por qué trabaja. El ministro falsea su consejo y su gestión. El poeta se debate en tragedia personal y el jubilado se sorprende cada día, de todavía estar vivo...
Bienaventurados aquellos que vivimos en libertad de imponernos nuestros límites. Somos personas. Y toda persona tiene el deber de no querer para otros, lo que no quiere para sí.
Desdichados aquellos que vivimos en opresión de límites impuestos. Somos entes vegetales. Y todo esclavo vegetativo tiene el derecho de ser enaltecido a su nivel de persona. Por encima de nostalgias políticas anacrónicas e incoherentes.
Es un crimen histórico apoyar semejante sistema. Es un crimen de Lesa Humanidad. Cuando llegue la hora veinticinco, no habrá excusas ni posibilidades de enmendar la plana. No se podrá decir, como en el siglo XVII, “la Esclavitud y los Negreros capitalistas existieron, porque era una cuestión de mercado “. Cuando aquello no había habido una revolución burguesa, ni la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, ni habían existido las famosas Democracias con sus distintas caras, venidas después de opresiones menos sangrientas. No continuemos con esta hipocresía que ayuda a la opresión de tanto humano.
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Camilo López
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