Esperanza radical

Audaz relectura del cristianismo (4). Virtualidad de una comunidad virtual. Invitación a lo sublime

10.06.18 | 10:41. Archivado en audaz relectura del cristianismo

Antecedentes

En este post quiero hacer una propuesta que nace al amparo de lo dicho sobre la eucaristía en el anterior. Mi pretensión se centra en introducir de forma muy fácil el exponente máximo del cristianismo, la eucaristía, en el juego rutinario de la vida diaria.

Hace ya mucho tiempo, a través de comentarios a un blog de RD hice una propuesta que encontró tierra abonada y prendió de tal manera que años después sigue dando frutos a ambos lados del Atlántico. Tratando de enriquecer el blog comentado y de llevarlo más allá del contraste de las ideas expuestas y de las vivencias compartidas en él, propuse algo tan sencillo como convertirlo en soporte de una comunidad orante virtual.

Para integrarse en dicha comunidad bastaba unirse mentalmente a las 22 horas (huso horario de España) y elevar los ojos al cielo para decir simplemente “gracias”, todos al mismo tiempo. Un gesto sencillo y rápido, pero suficientemente denso como para tener conciencia de que recibimos a lo largo del día muchos bienes gratuitos. Un instante fugaz, pero de gran fuerza, capaz incluso de saciar el hambre de humanidad a que nos condena nuestra desajustada forma de vida actual.

Comunidad eucarística

Pues bien, a quienes siguen fieles a esa propuesta y a cuantos lean esto, ahora o cuando sea, les invito a los primeros a dar un paso más y a los otros a enrolarse en un compromiso novedoso para ellos. Se trata de que juntos celebremos una peculiar eucaristía todos los días a esa misma hora, cosa que yo vengo haciendo desde hace mucho tiempo. La etimología de la palabra eucaristía (“acción de gracias”) realza la praxis anterior y potencia su trascendencia. Que algún amigo, al saberlo, haya querido unirse a mí hace ya algún tiempo en esa celebración me anima a invitar a otros a unirse a nosotros.

Precisiones

Antes de seguir, debo precisar, en primer lugar, que esa eucaristía nada tiene que ver ni con curas oficiantes, ni con la liturgia normalizada de las misas dominicales, ni con ordenanzas canónicas, ni con preceptos institucionales. Se trata únicamente de un bello acto de acción de gracias, más profundo que decir “gracias” a secas. Su secuela lógica será la consciencia de ser cada uno de nosotros eucaristía, pan y vino consagrados para partir y compartir.

En segundo lugar, que el hecho de que se trate de un encuentro “virtual” no le quita ni mérito ni contenido alguno. La convocatoria a través de los medios no es óbice para que nos reunamos en espíritu y compartamos nuestros haberes con la misma intensidad que lo haríamos estando presentes.

En tercer lugar, que la comunión virtual es una auténtica comunión espiritual que se realiza como cumplimiento del mandato evangélico del amor, no una comunión etérea o fantasiosa. El hecho de que no se haga con pan y vino físicos no le quita mordiente, pues la palabra de Jesús partiendo y compartiendo su vida en el sacramento es incisiva.

Y, finalmente, que para participar en ella, dada su naturaleza y su propósito, solo se requiere lo ya expuesto en el post anterior: tener el corazón limpio de odio y compartir con los demás nuestros haberes y tiempos.

Destinatarios

A resultas de todo ello, a esta celebración pueden sumarse todos los hombres y mujeres, de cualquier condición social, étnica, sexual o religiosa que sean. No cabe exclusión alguna de nadie que quiera participar. Serán bienvenidos los ateos, los agnósticos, los divorciados, los excomulgados, los gays, las lesbianas, los altos y los bajos, los ricos y los pobres, los guapos y los feos y, desde luego, cuantos ya han convertido su vida en una auténtica eucaristía, dando de sí cuanto pueden a lo largo y ancho de todo el mundo.

Ninguno de los más de siete mil millones de habitantes de la Tierra que quiera participar será excluido, a menos que lleve odio en el corazón y no esté dispuesto a partirse y compartirse, pues en la eucaristía Jesús nos llama a convertirnos con él en pan y vino, a alimentarnos de su cuerpo y sangre y a ofrecer los nuestros como alimento a todos los demás.

Un ejemplo

Expongo a continuación mi forma de celebrarla solo a título de orientación o muestra. A la hora fijada, construyo mentalmente un altar bien en la Peña de Francia (Salamanca), bien en los santuarios de La Virgen del Camino (León) o de la Candelaria (Tenerife), lugares que me evocan intensas emociones espirituales. Al hacerlo, percibo el latir de los cientos de miles de fieles peregrinos que en ellos han depositado sus problemas, sus dolencias, sus emociones, sus ansiedades, sus deseos y sus esfuerzos en pro de una humanidad mejor. Los muros de esos santuarios están impregnados de confidencias, de promesas y de anhelos.

Seguro que cada participante tiene sus propios lugares favoritos, lugares donde su alma ha vibrado de emoción alguna vez y donde, sin duda, ha hecho hermosas promesas. Elegir uno o varios lugares añade a la celebración de esta eucaristía la fuerza del caudal de recuerdos de cuantas emociones se hayan vivido en ellos.

En uno de esos altares coloco entonces siete mil millones de granos de trigo y otros tantos de uva en representación de todos y cada uno de los seres humanos que habitan la Tierra. Los de trigo se ahornan en un hermoso pan y los de uva llenan a rebosar una preciosa copa de vino. Ambos forman una grata ofrenda cuyo contenido son el amor, la ternura, la solidaridad y el trabajo de todos los hombres y mujeres. Y sobre tan grata ofrenda digo o, mejor, decimos: tomad y comed este pan de vida y bebed este cáliz de salvación. Son mi cuerpo y mi sangre compartidos, dice Jesús. En esta hermosa eucaristía todos somos comida y comensales. La paz sea con todos.

Repito que es la forma en que yo la celebro. Quien responda a este llamamiento o invitación podrá utilizarla tal cual o imprimirle su sello personal.

Insisto en que, aunque se trate de una eucaristía virtual, la fuerza de la oración le da profundidad y contenido; en que no es preciso seguir un ritual predeterminado, pues hay libertad absoluta para celebrarla según la propia inclinación y sensibilidad, para construir un altar en el lugar preferido y para darle el contenido que más llegue al corazón; en que solo se requiere sentirse miembro de una comunidad de orantes dispersa y en que se debe tener conciencia de ser un grano de trigo y otro de uva que forman parte de un solo pan y de una sola copa de vino tras haberse sometido a un proceso de reajuste ascético. Va de suyo, por lo demás, que la celebración de un ritual tan trascendental requiere un corazón limpio y lleno de gozo.

Fructífera vitalidad

Para sentir la extraordinaria fuerza de este sacramento, el que hace la Iglesia y se identifica con ella, es preciso entender que en la eucaristía están “realmente presentes”, con presencia sacramental, Cristo y los cristianos, es decir, Jesús de Nazaret y todos los demás seres humanos sin excepción alguna. “Todos” incluye también a los más desheredados de la Tierra y a los más depravados por sus acciones perversas. La eucaristía es dulce manantial de gracia, pero también alto horno que funde las escorias humanas, cualquiera que sea su calibre o grosor.

Estoy convencido de que quien la entienda en profundidad apreciará su preciosidad y se unirá complacido al grupo. Reconforta saber que son millones los seres humanos que viven a fondo una eucaristía como la aquí propuesta. Esos millones de eucaristías vivientes son el soporte sólido del cristianismo actual. Las dignidades pontificales, los adornos litúrgicos e incluso la belleza de tantos ritos apenas cuentan más que para alimentar ambiciones personales y fomentar deleites estéticos, legítimos pero estériles. La verdadera fuerza evangélica que destila le eucaristía reside en convertirnos a todos en alimento mutuo. La fe o engendra amor o no es nada.

Ahí dejo la invitación, abierta y operativa. Desde hoy mismo, a las diez de la noche, cada uno en su altar. Seguro que quien se sume descubrirá nuevos horizontes.


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Comentarios
  • Comentario por Alicia 11.06.18 | 01:56

    Me uno a la propuesta,que me parece magnífica

  • Comentario por Oliva 10.06.18 | 19:12

    Ya sabes que me sumo con entusiasmo cada día a la eucaristía. Gracias, Ramón, y felicidades por esta entrada de tu blog y por la idea que contiene y que compartes.

  • Comentario por BALDO 10.06.18 | 14:53

    Magnífica propuesta, amigo Ramón

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