San Juan: Noche de hogueras y raptos
26.06.09 @ 13:18:05. Archivado en Tradiciones
-Dicen que la "noche de San Juan" es la más corta del año…-, indica P. a su padre.
–Hoy te darás cuenta hasta qué punto, hija-, responde C.
Hace ya cinco años que he dejado el invernadero en Alicante y me han enviado a este pueblo del noroeste peninsular. Unos amigos que trasladaron a pie de playa me contaron que en Alicante la “noche de San Juan” se vive del 23 al 24 entre hogueras instaladas en las playas. Cómo disfrutaron de los cánticos y bailes jóvenes, de las veladas al calor de las brasas. Una pena que nunca tuviera la ocasión de conocer aquellas noches.
-¿Qué hace especial al noroeste peninsular?-, pregunta P., que atraviesa su primer San Juan fuera de casa.
-Para nosotros todo… Es un momento espiritual, de reunión, de hermanamiento…-. En el silencio de la noche y con apenas un silbido de voz cuenta a su hija las historias que ha oído sobre la noche de San Juan.
-¿Sientes los tambores?-, dice C.; -… -Sí, a lo lejos…-, responde la niña.
Provienen de lo alto de Balboa… Allí dicen que se ha creado un anfiteatro hecho de piedra, desde él se vislumbra un palco de madera y otros materiales nobles.
–Espera, escucha-. A lo lejos se oye un Tam, tam.
-El reloj ha dado las doce, hija, empieza la fiesta de nuestra comunidad-
Las hogueras se manifestan en los montes o en las playas con el propósito de purificar las almas. Esperan a que les lancen papeles en forma de deseos, incluso calcetines o camisetas viejas. Algunos tienen el valor de saltarlas sin esperar a sus brasas.
-No creo que tanto calor me gustase, aunque de lejos todo se aguanta-, dice P. –¿Oyes?, ¡suenan gaitas!-
El calor aleja a las personas y animales en corros, que se mueven al compás de gaitas y tambores. 
-Parece que han cesado sus acordes, ahora se escucha una suerte de danza del vientre. En una noche tan mágica las mujeres más bellas compiten con las ondas de la hoguera, sus bailes sensuales inician nuestra gran noche-, indica C.
-Pero mamá desapareció la pasada noche de San Juan, no estoy segura de querer vivir ésta-, responde asustada P.
-Mi quería Pe... seguro que estará bien. La alegría del rencuentro y la partida forman parte de nuestra comunidad-.
Mientras hablaban empezaron los acordes de una guitarra española, dirigidos a golpe de cadera, aquellos contoneos provocaban el deseo de los asistentes masculinos y la admiración de todos. El monte "se fue animando", la hoguera ardía con más intensidad, su estela vigilaba la comarca.
La danza del vientre caldeaba más el ambiente. Las tiendas de campaña empezaban a desperezarse. Sus moradores se acercaban al anfiteatro, todos esperaban al alcalde.
Monteserín ataviado con ropa adecuada a las rastas, pantalones faldas, o vestidos sobre pantalones, empezó un discurso en ese dialecto del Bierzo tan especial. C. y P. lo siguieron entrecortado. Luego las músicas folk, los bailes, las litronas,… el “autobús mágico”. Las curvas las convertía en rectas, las rectas desaparecían bajo sus ruedas, se perdía en el tiempo; las gentes le cedían todo el espacio posible entre la montaña los castaños y su destino final, las pallozas. 
C. y P. se callan, unos pasos rápidos se acercan al porche… Sin apenas enterarse son conducidos en un vehículo de dos ruedas. Los tres extraños se clavan unos pinchos al coger a C., con P. no tienen problema, es muy ligera. Todos siguieron río abajo. Llegaron a la plaza, su destino. Allí su comunidad les esperaba.
Donde antes se congregaban aperos de labranza normalmente ante las iglesias, "secuestrados" para gastar alguna broma a los vecinos ahora en Cacabelos con el mismo fin se congrega otra comunidad más joven y vistosa: los tiestos.
En medio de la algarabía de flores, Petunia y Captus pudieron abrazarse a Pensamiento. ¿Regresarán los tres a su viejo hogar? o ¿se encaprichará alguno de los tiestos ajenos? Todo puede ocurrir en la noche de San Juan...
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Rosana Fuentes
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