Un Corpus poco florido
17.06.09 @ 18:45:55. Archivado en Tradiciones
Una tormentosa mañana de junio se congregó un grupito de ocho princesitas y dos marineritos que tomaron asiento en la Colegiata de un pueblo con nombre compuesto. Los dedos entrelazados o las miradas del suelo al techo o de ambos al público no fueron indiferentes. El sermón no varió el rumbo de sus miradas, ni siquiera de sus pensamientos, sólo el tropezón de una monaguilla permitió que sus rostros se distendieran. Las manos de algunas se precipitaron a sus labios dejando atrapado un gritito u ocultando algún colorete. La insistencia de la monaguilla perpetuó las risillas; el cura centrado en su discurso siguió sin inmutarse. Tampoco se percató del vacío de sus palabras que pocos debieron de seguir.
Rosana Fuentes
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