¡A vendimiar! I
01.10.08 @ 12:54:12. Archivado en Tradiciones
El despertador anuncia las ocho de la mañana. Me desperezo con un vaso de leche acompañado de un trocito de roscón jugoso. Remato el tentempié con una fruta, hoy toca manzana. Cuarenta y cinco minutos más tarde ya estoy enfundada en un chándal un tanto desgastado, unos playeros viejos y una cazadora impermeable, -¿dónde habré puesto ayer la navaja y los guantes? ¡Ah! En el mego con uvas que traje para casa...-
Arranco la berlingo verde botella y me dirijo a la plaza, allí me encuentro con un copioso número de chavales, y no tanto, dispuestos a ganar un buen jornal ese día. Comento que necesito a cuatro personas que se puedan asegurar. Se anima un grupo de hermanos, después me confirman que de nacionalidad rumana.
La ruta fue muy corta, apenas 15 minutos hasta Arborbuena. Dejo la berlingo lo más pegada posible a la cuneta. Allí nos encontramos con el resto, que nos hacen un gesto con la mano. Nos saludamos todos y empezamos a repartirnos las gavias. Cada dos personas llevamos una cesta para poder arrastrarla a medida que se vaya llenando.
En menos de una hora de recolección, la gente empieza a quitarse la ropa de abrigo, este año San Miguel llegó con su veranillo y nos permite tostarnos mientras recogemos uvas. Entre -¿me ayudas con el cesto?, ¿quieres echarle un lingotazo al porrón? ó ¿nos fumamos un cigarrito?- se exprimen las primeras horas de la mañana con el lomo hacia el sol y la cara entre el verde.
-¡El tractor está lleno!, dice uno de los compañeros. Este año hay buena cosecha por lo que la berlingo descansa a la sombra de unos perales y la burra sólo se encarga de bajar los cestos que se llenan en los terraplenes más elevados para los porteadores.
Entre chistes y risas cerramos la primera parte de la jornada. –¡A la mesa, el mantel ya está puesto!- Los trabajadores sacamos los bocadillos, la familia que nos contrata pone un mantel en el improvisado salón de tonos verdes y negros mencía debajo de unos perales que nacen en la viña. Pimientos, pan casero y una variedad de entremeses en el que no puede faltar el queso acompañan una empanada de patatas y conejo enorme. La aderezamos con el vino blanco de la cosecha del año pasado que nos pasamos en el porrón de cristal del abuelo. -Éste parece que la uva tendrá mucho grado. Como no ha llovido mucho, está sana-, comenta el conductor del tractor. El postre, por supuesto, uvas; no falta el chiste de aquel que va a vendimiar y se lleva uvas de postre…
La conversación se anima. Entre la tropa, alguna señora picarona se aviva al coincidir con jóvenes tímidos y les suelta alguna broma. Sigue la conversación distendida. Marisa discute con Paco si la mencía y el alicante sacarán un buen tinto. Mientras el primo de éste se pregunta cómo los vecinos que lindan con su viña habrán vendimiado ya el godello. Cuestión de clases, intercede Marisa, que le recuerda que algunos vinos como el godello o el chardonay deben vendimiarse antes para que salga un buen vino. A las dos de la tarde retomamos el trabajo con la modorra que produce el calorcito, la comilona y el buen vino…
Menos mal que nos subimos en el tractor para acercarnos a una viña que estaba a cinco minutos de la anterior. En el viaje, la gente sigue con los chistes. Tanto mayores como niños se divierten con los vaivenes del tractor. Un bache supone una algarabía para algunas señoras que amenazan con orinarse de la risa. Todo queda en un divertido susto. Llegamos a la viña, ésta es nueva. Los trabajadores la agradecen mucho, está más espaciada. La anterior contaba con cepas muy gruesas, que databan de hace más de 50 años, éstas son vides relativamente nuevas, 5 años, y están organizadas con alambres para facilitar la conducción de la planta. (Continúa)
Comentarios:
Seguiré tus andanzas... aunque no creo que vendimie nunca, me parece un trabajo durísimo, y con mis dolores de espalda, lo veo imposible. Aunque contribuiré a la causa bebiendo un buen vino.
Algún año, pediré que me saquen una foto con el chandal, los guantes y las cuatro capas más de ropa que suelo usar cuando el veranillo de San Miguel llega con retraso. De momento, habrá que conformarse con los guantes y los pantalones de montaña :)
Un abrazo.
Pero necesito fotos con el chándal y los guantes puestos. Será un documento para el recuerdo.
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Rosana Fuentes
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