Travesía por el Lago de Sanabria II
25.10.07 @ 16:40:41. Archivado en Parajes con encanto
Lejos de las leyendas que, aunque crueles, no dejan de ser ficción, debo contaros un suceso que sí marcó la comarca para siempre. Cuando aparcamos nuestro coche en Ribadelago Nuevo, también llamado “de Franco”, para dirigirnos hacia el cañón del Río Tera, observé una gran cantidad de tumbas diseminadas entre los huertos, o dentro de las ruinas de casas…
Me quedé fría cuando mi compañero me contó que se trataba de los restos de la catástrofe que provocó la rotura de la presa del río Tera el fatídico nueve de enero de 1959. El pueblo se construyó de nuevo entre el año 1959 y 1962 con tintes andaluces, pues se emplearon materiales previstos para las repoblaciones de Andalucía y sur de Extremadura por eso sus casas no parecen de montaña.
Al margen del recuerdo de la tragedia que ya forma parte de la historia de nuestro país, podemos recorrer un paraje que desde 1978 fue declarado “Parque Natural” y no es para menos. El cañón del río Tera, afluente del Esla, dirige sus aguas al Lago, que también se surte de manantiales del fondo, por eso notamos distintas temperaturas en el agua del Lago.
Durante el ascenso al Tera, no ocurrió lo mismo, mientras decidíamos en qué poza bañarnos, descubrimos que la temperatura del agua no variaba, -¡estaba friísima!- (no sé a que grados bajo cero equivale la expresión), pero como diría mi madre, “está para beber”. Convenimos que cuanto más lejos de su nacimiento, Peña Trevinca, nos bañásemos, mejor. La primera poza, ¡fue la elegida!
Cuando navegábamos por la orilla del Lago con nuestra barquita de plástico bautizada como “La perla Azul” (no os digo el color), descubrimos una flora compuesta de grandísimos robles, e incluso acebos y tejos. Por la noche, lo que se puede encontrar es algún que otro lobo, zorros o una familia de jabalíes campando a sus anchas, como vimos volviendo en coche de Puebla de Sanabria.

Por cierto, en toda la comarca, no hay ninguna ciudad o pueblo que se llame Sanabria, sin embargo, sus pueblos sí llevan el sobrenombre. A propósito de Puebla, he de deciros que me ha parecido una villa asombrosa, si me lo permitís, la definiría como la “Santillana del Mar” zamorana, pero más grande, con otros monumentos y todas sus calles empedradas. Como os imaginaréis ese pueblo da para otro reportaje, y el Lago para mil y una escapadas, donde redescubriré la belleza del “monstruo” pleistoceno de Sanabria.
Comentarios:
Un abrazo, Willy.
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Rosana Fuentes
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