Por las fuentes del Narcea
21.06.06 @ 19:00:50. Archivado en Parajes

El trayecto hacia las fuentes del Narcea en el Principado de Asturias se descubre en compañía del sonido de los grillos que envuelve al viajero en un paisaje de ensueño. Enmarcado en el área occidental de la Cordillera Cantábrica, limita con la zona de Leitariegos en la provincia de León. El Puerto del Rañadoiro sería la puerta de entrada hacia el suroccidente asturiano, en el link que incluyo podéis encontrar más información sobre un espacio que aboga por el "pleno rendimiento de la zona en igualdad de condiciones". Volviendo al recorrido, se atraviesan varios pueblos, entre ellos destaca Rengos donde todavía se celebran campeonatos de bolos.
A medida que el viajero se acerca a las fuentes por la carretera comarcal CN-9, la vegetación se hace más y más densa. Bajando el puerto de Rañadoiro, se pueden apreciar alerces, especie que no es autóctona de la zona y algún que otro abeto. Los bosques se conforman de una gran variedad de especies donde destacan las hayas, arces y abedules. La vegetación maquillada en distintas tonalidades de verde hace impenetrable cualquier intento desde la carretera de vislumbrar la tierra que, sin duda, alberga tan magníficos ejemplares. La espesura de estos bosques vuelve casi impracticable cualquier intento para subir a sus picos por la ausencia de caminos o senderos transitables.
Sin embargo, todavía se perciben restos humanos entre la vegetación. Una cantera de piedra activa y cargadores de carbón descubren la riqueza de estos valles. A lo largo de la carretera, se pueden apreciar casas que, con el paso del tiempo, han sido prácticamente devoradas por la vegetación.
Por estos parajes, los antiguos pobladores solían excavar en la tierra donde obtenían carbón para su uso personal. Indicios de la fuente de abastecimiento más importante de la zona que junto a las labores agroganaderas conforman el total de los empleos en la zona.
Las vacas pastan a sus antojo en muchos de los valles preparados para el ganado. Algunas de las brañas están dispuestas en cuatro pisos salpicados por flores blancas que destacan junto a otras lilas y azules en el pincel de verdes que impera en la zona. La fauna se completa con animales salvajes como osos y urogallos que encuentran en Narcea todo lo necesario para abastecerse.
El tráfico prácticamente inexistente, a no ser por el sonido de algún que otro tractor en plena labranza, permite escuchar el murmullo del agua que hace intuir al río Narcea camuflado entre la vegetación. Sin duda, el agua es el invitado de excepción. Las altas precipitaciones sumadas al caudal del Narcea crean cascadas imposibles que se delatan cuando se precipitan contra esta tierra de sangre verde.
Comentarios:
Sin duda, los accesos a la zona no son los óptimos, pero quizás por esa circunstancia los que se acercan allí disfrutan del espectáculo de la naturaleza en estado puro. En cualquier caso, toda mejora es positiva siempre y cuando el respeto al Medio Ambiente sea su motor. Saludos.
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Rosana Fuentes
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