EN PORTADA / ETA no renuncia a la autodeterminación ni a Navarra
Otegi, el socio indeseable de Zapatero
Por Enrique de Diego y Miguel Gil
Jueves, 15 de diciembre 2005
Crece el nerviosismo en Moncloa, mientras Arnaldo Otegi emplaza, como si de un socio se tratara, al gobierno a avanzar por el camino de la cesión. Y avisa de que ETA no va a renunciar a nada.
EL acercamiento del Gobierno a ETA, la percepción de Zapatero como un miembro del club de Perpiñán, está provocando un rechazo social que el PSOE no había calculado. De hecho, fuentes políticas, conocedoras de las interioridades de ETA, afirman que la banda ha hecho una exigencia al Ejecutivo cuyo alto coste ha paralizado las conversaciones. De manera pública, Arnaldo Otegi le ha recordado a Zapatero que ETA está donde siempre: autodeterminación y Navarra. José Blanco, secretario de Organización, ha llegado a salir a decir que el PSOE no ha autorizado ningún contacto. El socio indeseable de Zapatero, Arnaldo Otegi, le ha hecho, por su parte, un favor envenenado confirmando el interés, casi tutelaje, de ETA respecto al Estatut y la condición de que “nación” no desaparezca del texto.
El Ejecutivo empieza a darse cuenta del desgaste que representa estar en tratos con terroristas, aventurar -como ha hecho Patxi López- futuros pactos de gobierno ¡con Batasuna! o que Otegi dé ruedas de prensa mirando por encima del hombro a Zapatero o dando por sobreentendidos elevados precios políticos.
Un escenario mucho peor para el Gobierno que estar bailando con lobos. El historial de Otegi es, de hecho, el de un terrorista precoz; un bon vivant de los del tiro en la nuca, un duro con una pátina de cinismo.
A LOS 21 AÑOS, EL PRIMER SECUESTRO
Arnaldo Otegi estaba a punto de cumplir 21 años cuando el comando de ETA que dirigía -según informes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado- intentó secuestrar en 1979 a Gabriel Cisneros, entonces responsable de información de UCD y hoy diputado del PP. El político llegaba tarde a casa. Había estado reunido en el edificio Semillas del palacio de la Moncloa preparando papeles sobre el Estatuto vasco, que al día siguiente sería discutido en comisión. Cisneros trabajaba fijando la posición de UCD sobre el Estatuto de Guernica, materia sobre la que, unos días antes, había publicado un artículo muy crítico en La Hoja del lunes.
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