
La historia aparece en la edición domincal de El País. Kandido Azpiazu el terrorista de ETA que mató en 1980 a Ramón Baglietto, concejal de UCD, compra una cristalería en los bajos de la casa de Azkoitia donde vive la viuda de su víctima. Pilar Elías, que resistió todas las amenazas etarras, optó por quedarse, sacó adelante a sus dos hijos y luego decidió honrar la memoria de Ramón presentándose a concejal por las listas del PP, confiesa tener miedo de que se olviden los sufrimientos de tantos como ella.
Kandido Azpiazu fue juzgado y condenado a 49 años y dos meses de prisión por el asesinato de Ramón Baglietto. Sin embargo, redimió pena en las cárceles de Burgos y San Sebastián y salió en libertad condicional en 1995, apenas 15 años después del crimen.
Cuenta Pablo Ordaz en El País que Pilar Elías recuerda bien aquél día:
"Yo estaba en Zarautz. Había ido al mercado a hacer la compra cuando me llamó mi vecina Paquita. Me dijo: '¿No sabes que están preparando un homenaje porque vuelven al pueblo los asesinos de tu marido?' Me llevé tal impresión que me volví a casa sin hacer la compra".
Los hijos de Pilar Elías, que ya se casaron y se fueron de Azkoitia, no dejan de pedirle a su madre que deje para siempre un lugar tan lleno de malos recuerdos, pero ella se resiste. Sentada en una cafetería, vigilada siempre por sus guardaespaldas, asegura que seguirá al pie del cañón, pero admite que motivos no le han faltado para jubilarse de la política y los disgustos.
Se precia Pilar de mantener una muy buena relación con sus vecinos. Eso incluía a César Boo, un cristalero de origen gallego que hace 20 años compró los bajos del número 14 de la calle Ibai-Ondo e instaló su negocio. Desde un tiempo a esta parte, César le venía diciendo a Pilar que tenía ganas de vender el local y retirarse.
"No hace mucho, una vecina me dijo que se había traspasado la cristalería y yo me alegré, la verdad, por César. Pero enseguida me dijo: 'Espérate, Pilar, que tienes que escuchar la segunda parte. La ha comprado Candidito'. No me lo podía creer...".
La inscripción registral no deja lugar a dudas. Ante la notaria de Azkoitia Gemma Fernández, el matrimonio formado por César Boo y Pilar Uranga vendieron el 16 de marzo a Kandido Beristain y a su mujer, Milagros Altuna, un local de 91 metros cuadrados en la calle Ibai-Ondo número 14. El importe de la venta, 120.202 euros y 42 céntimos, y un crédito principal de 53.000 euros suscrito por La Caixa y a devolver en 120 cuotas...
Pilar se desespera. "No me puedo creer que el asesino de mi marido haya sido capaz de poner el local a su nombre cuando ni siquiera nos ha pagado a mí y a mis hijos la indemnización a la que fue condenado".
El viernes, como todos los días, Kandido Azpiazu y su esposa salieron de su negocio, Aldako Cristalería, a la una de la tarde. Ella admitió a este periódico que el hecho de que Pilar Elías viva encima le produce malestar y nerviosismo, pero el antiguo militante de ETA aseguró que no le afecta. "Tuve la oportunidad de comprar este negocio y lo compré. Sólo quiero trabajar y que me dejen tranquilo".Dijo que no deseaba entrevistas, pero invitó al periodista a entrar en su tienda para protegerse del frío y dejar claras varias cuestiones. Según él, es Pilar Elías la que anda buscando el enfrentamiento -hace unos días coincidieron y sus miradas se cruzaron-. También dijo estar seguro de que los vecinos de Azkoitia lo respaldan a él y no a ella.
Rechazó de plano la cuestión de si sería admisible que un violador, aun después de cumplir la condena, se fuese a vivir junto a su víctima. "No tiene nada que ver", dijo, "lo que pasa es que fuera de Euskal Herria no se entiende lo que pasa aquí. Todos los pueblos han utilizado en algún momento la lucha armada para conseguir su independencia... Quizás ahora ya no sea el momento, pero estamos hablando de otros tiempos...".
Nieves Baglietto cumplió el martes 80 años. Ha escrito un libro, aún sin publicar, sobre su vida tan difícil. Tiene, pese a las tristezas, un humor excelente. Se maneja por Internet como una adolescente, utiliza ADSL y la última versión de Windows y en su casa tiene alojados a estudiantes que la ayudan a mantenerse a la última.
Ahora que se barrunta la paz en el País Vasco, le da miedo que se olviden los sufrimientos de tantos como ella. Dice que en su tierra los pasos de víctimas y verdugos se cruzan sin remedio: "Parece que todo está enterrado, pero no".