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Un elemento extraño

Permalink 26.05.07 @ 18:24:43. Archivado en Signos de fe


El otro día fui a visitar a una amiga mía que tiene veinte años y es monja de clausura desde hace tres. Clarisa para más señas. Hay algo que siempre me llama de atención de las monjas de clausura cuando visito un convento: la alegría que tienen. Yo no conozco a nadie más alegre y más feliz que las monjas de clausura.

Esa alegría, creo yo, debería ser un signo para nosotros. A fin de cuentas, las monjas de clausura, por definición, han renunciado a todo aquello por lo que nos afanamos los demás y que creemos, engañados, que nos va a dar la felicidad.

No tienen novio, ni marido, ni hijos de su sangre. Van a la moda de hace ocho siglos, sin cambiar nunca su vestuario ni su peinado. No triunfarán profesionalmente ni tendrán nunca un sueldo, ni siquiera pequeño. No tienen televisión, ni ordenador, ni una PlayStation. De hecho, ninguna de ellas tiene nada que pueda llamar realmente suyo (originalmente, a las clarisas se las llamaba las Damas Pobres. Renuncian a viajar, no solamente al extranjero, sino incluso al pueblo siguiente o al otro extremo de la calle. Su vida no tiene sorpresas materiales, sino que está sometida a un horario que se repite rutinariamente. Además, se comprometen a obedecer en todo a la abadesa, de manera que ni siquiera disfrutan de la pequeña libertad de hacer, en un momento dado, lo que les dé la gana. Parece la receta perfecta de una vida horrible de angustia y desesperación que sólo puede terminar en el suicidio.

Sin embargo, de hecho y al margen de teorías, las monjas de clausura son las personas más alegres que yo conozco. Sin comparación. Hay algo aquí que no concuerda con las “ecuaciones" que solemos utilizar para comprender la vida.

En principio, podríamos pensar que se trata de una alegría falsa, pura fachada o fruto de un entusiasmo pasajero, pero, en la práctica, esa alegría permanece cono los años. Más aún, yo diría que va aumentando, se hace más serena y más profunda, persistiendo incluso en medio del sufrimiento. Tenemos que buscar otra explicación.

En el laboratorio, cuando al terminar un proceso químico deberíamos obtener un líquido inodoro e incoloro y, en cambio, obtenemos un gas denso con olor a huevos podridos, generalmente se debe a que se ha introducido un elemento extraño, que no estaba previsto en la reacción química. De forma similar, en el caso de las monjas, la única solución al enigma de su alegría se encuentra, creo yo, en un elemento extraño que no se suele tener en cuenta: Dios.

Dios es ese elemento extraño que altera la ecuación de la vida de estas monjas. Su presencia es lo único que puede explicar que sean felices cuando han renunciado a todo lo que, humanamente, es causa de felicidad.

Es Dios el que hace que mi amiga clarisa se sienta riquísima viviendo en la pobreza material. Es Jesucristo el que las ha tomado por esposas y el que las ha regalado como hijos a la multitud innumerable de los hombres, para que den la vida por ellos. Es el Espíritu Santo el que las hace verdaderamente libres. Ubi Spiritus Domini, ibi libertas.

Mi amiga, sus hermanas clarisas y las demás monjas (y monjes) de clausura del mundo son para nosotros un signo palpable que fortalece nuestra fe. En ellas podemos ver y tocar el Evangelio, podemos comprobar el cumplimiento de las promesas de Dios y encontrar, de forma clara y evidente, dónde está la única felicidad. En ellas, en fin, podemos encontrar a Jesucristo, ya que las esposas, a pesar de su fragilidad y por la misericordia divina, se han convertido para nosotros en imagen viva del Esposo.


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Comentarios:
La Fe es tan personal como lo que esta en el fondo del ser donde solo Dios y tú estais a solas, es el jardin interior que cada uno tiene que cultivar, eso creo, pero nadie te la puede prestar ni transmitir es tuya, y la tienes ono, los religiosos pueden ser un textimonio o no, quien sabe lo que cada uno vive en su interior, las apariencias de los demas me dicen muy poco, saludos.
Enlace permanente Comentario por galgani 01.06.07 @ 12:01
E s dificil decir que en las clausuras son felices, la convivencia continua y el girar siempre en el mismo circulo es muy duro, soy muy realista con la vida religiosa que como todo en la vida esta llena de luces y sombras muchas sombras, y esa felicidad y alegria, es una gran apariencia hacia el exterior....conozco monjas que despues de pelearse y bien, salian a recibir las visitas muy alegres ellas, cuando volvian a la comunidad ni se miraban unas a otras, hay un sin fin de cosas falsas, pero tampoco dudo de que habra muchas que si son felices.
Enlace permanente Comentario por galgani 01.06.07 @ 11:46
"...quien a Dios tiene, nada le falta..."
"...los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor..."
Enlace permanente Comentario por Montaraz 28.05.07 @ 18:26
Sofía, gracias igualmente. Mi experiencia viene de dos tías Concepcionistas que tengo en un convento, yo cada vez que hablo con ellas me siento en paz, todas las dudas que he podido albergar sobre su felicidad se me disipan en cuanto estoy con ellas, las veo felices y cuando se abre la puerta para darlas dos besos y dos abrazos es algo único, irradian felicidad no sólo ellas toda la comunidad. No puedo más que dar gracias por verlas tan felices.
Enlace permanente Comentario por JLLM 27.05.07 @ 13:19
Por experiencia propia me encuentro de acuerdo con el autor del articulo.
A la apreciación que le hacen en el comentario sobre los indios del Amazonas o bien sabe mucho de ellos y ha estado en contacto con ellos o ha utilizado el corta y pega del google poniendo la referencia del mapa de Raul Porras Barrenechea. Si es el primer caso le agradecería que nos diera más referencias y si es el segundo no me parece de recibo criticar desde el desconocimiento. Las tribus amazónicas son de las sociedades que más tiempo libre tienen, y eso es así porque tienen todo lo que necesitan para su supervivencia, es algo material así que eso de que no tienen nada sería como para ponerlo en cuarentena.
Enlace permanente Comentario por JLLM 26.05.07 @ 23:49
Pero hay una diferencia fundamental entre las monjas y monjes de clausura y las tribus amazónicas: éstas no conocen más mundo que el suyo (que, además, hay que proteger porque sino, al más mínimo contacto con la civilización, desaparecerían) mientras que los monjes y monjas abandonan mediante una opción libre el medio en que han nacido y crecido. Y viven, como muy bien señala el comentario, con una alegría que ya la quisieramos los que estamos "fuera".
Así que la comparación me parece incorrecta por heterogénea: pretende comparar realidades totalmente distintas. Además, confirma la afrimación que pretende rebatir porque a lo que se refiere el blogger es al "elemento extraño" que existe dentro de las clausuras, pero que tanto escasea fuera: Dios.
Saludos.
Enlace permanente Comentario por Miguel 26.05.07 @ 23:48
Dice el AUTOR en su prólogo: "...éste es un blog necesariamente polémico". Dos ideas ya que la polémica parece gustar:
a) digamos que también en las tribus amazónicas de Cingacuchusgas, Tucates, Antipas, Cahuapanas, Aguarunas, Cocamillas, Chirados, Chamicuros, Capanahuas, Chamas, Panos, Hibitos, Cholones, Shipivos, Chamas, Tepris... todos son felices. No tienen nada pero lo tienen todo.
b) Recomiendo la lectura de "El buen brahmín". Algo aclara respecto a la felicidad. Quizá se encuentre en Internet.
Enlace permanente Comentario por [Blogger] 26.05.07 @ 23:30

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