Orgullo de poder
21.04.08 @ 12:04:14. Archivado en Sobre el autor
Esperanza Aguirre atesora el gran mérito de haber sido capaz de superar la etiqueta de "tonta" conservadora que en su día le puso la izquierda progresista e igualitaria de este país, y lo hizo a base de esfuerzo y hechos demostrados en su gestión. Pero creo que esa imagen de Aguirre se percibe en Madrid y en muy pocos sitios más, así que personalmente dudo de que sea la candidata idónea para encabezar un proyecto nacional en el PP. Cuestión de opiniones.
Pero hay una cosa en Esperanza Aguirre que sí me parece preocupante y es el hecho de que priorice sus legítimas ambiciones personales a los del PP. Si se trata de políticos con carisma, capaces de ganar elecciones, de derrotar al más preparado de los adversarios y con experiencia en la gestión, ese es Alberto Rúiz Gallardón.
Sin embargo, Gallardón despierta todo tipo de recelos entre los votantes de la derecha, mientras es capaz de arrastrar a los del centro-izquierda con un mensaje político que molesta más a los primeros que a los segundos. Dicho esto, el problema del alcalde de Madrid para ocupar cargos más importantes en su partido viene dado por una excesiva y voraz ambición personal que le ha llevado a buscar más apoyos entre los adversarios, sino enemigos, que entre los más cercanos al proyecto político popular.
Y ahí es donde Aguirre está equivocando el camino, al transitar por un sendero que ya cubrió en su día el propio Gallardón y que llevó a éste a ser el eterno recambio, la sempiterna promesa de un partido que recela profundamente de él por sus devaneos. Son los riesgos de jugar por libre.
Que Aguirre tiene derecho a presentarse al Congreso del PP con su propia candidatura nadie se lo niega, y que tiene el mismo derecho a abrir todos los debates ideológicos que considere oportunos tampoco. Pero donde está errando, o al menos esa es la percepción que tengo, es en anteponer su figura a lo que realmente necesita el PP, y sobre todo a lo que pueda ser mejor para España.
Parece como si a Aguirre, más allá del debate de ideas que propugna, lo que realmente le importara es que su cabeza quedara tan sólo un palmo por encima de la de Ruiz Gallardón, aún si para ello tiene que enterrar a Rajoy y lo que es más preocupante dividir al PP.
Si esto ocurre, el único partido capaz de disputar el Gobierno de España al PSOE habrá sucumbido después de una fragmentación que ya se conoció en otros tiempos, y lo habrá hecho no por unas ideas, como quiere hacer creer Aguirre, sino por unas ambiciones personales que comienzan a molestar profundamente vistas desde fuera de Madrid, incluso desde el propio Foro.
Cuando la izquierda toca el silbato tras la tormenta todos van detrás del líder, cuando la derecha se fragmenta pasan años hasta que se recompone tras la desbandada.
A Aguirre le pediría que siguiera el consejo que San Bernardo de Claraval le dió al Papa allá por el siglo XII: "No temo para ti ni hierro ni veneno, sino el orgullo del poder".
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Emilio Javier Arroyo
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