En principio la selección de personal para un centro privado, con carácter propio, no debe diferenciarse en lo sustancial de la selección de personal que pueda hacer cualquier empresa. No olvidemos que un centro es una empresa, aunque para muchos, dicha palabra sea tabú. Debemos, de una vez por todas, despojarnos de prejuicios absurdos que pueden conducirnos a situaciones no deseables y, en no pocas ocasiones, irreversibles. Un centro es, en sentido, estricto una empresa, y si no que se lo pregunten a los muchos padres de familia que trabajan en ellos y al final de mes esperan, como cualquier hijo de vecino, su nómina. Por consiguiente, tiene que tener una estructura empresarial y, por lo mismo, el personal contratado debe someterse a los mismos procesos de selección, seguimiento y formación de otras empresas. La diferencia fundamental radica en la manera de entender una empresa, que lógicamente viene condicionada por los medios a emplear y la finalidad y objetivos que se persiguen.
Estas palabras de Antonio Machado sirven de marco referencial para intentar transmitir parte de lo que llevan dentro los centros de Escuelas Católicas. Sabemos a dónde queremos llegar (formación integral basada en una educación sólida desde un humanismo de inspiración cristiana) y por dónde y cómo ir: tarea de toda la comunidad educativa. Continuamente nos corresponde abrir nuevos senderos, no por originalidad y snobismo, sino para adecuarnos a las circunstancias, a las familias y sobre todo a nuestros alumnos y alumnas.
En el mundo de la educación no podemos quedarnos estáticos. Debemos aprender humildemente de quienes nos precedieron, recoger el testigo de la única antorcha que ilumina el quehacer educativo, alimentada con la ilusión de todos, los de ayer, los de hoy y los de mañana; pero nuestra mirada no puede estar clavada en el pasado, sino puesta en un futuro siempre nuevo e interpelante, que nos exige dar respuestas distintas a preguntas diferentes, evitando la tentación de absolutizar y eternizar métodos y modelos que nos hablan de otro tiempo. Aprender de la sabiduría evangélica de que “no se puede meter el vino nuevo en odres viejos”. Ello nos exige bajarnos de la “tarima” del ayer y dejar la “cátedra” por el acompañamiento que humaniza, que propone y no impone, que intenta educar desde lo que cada uno es.
Martes, 24 de noviembre
Escuelas Católicas
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Rodrigo del Pozo Fernández
Urbano Sánchez García
Miguel Blanes Coll
Vicente Haya
Julián Moreno Mestre
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia