Acabo de regresar de una visita a un centro educativo católico en Kenitra, ciudad marroquí cercana a Rabat, donde los salesianos trabajan desde 1937, año en el que fundaron una pequeña escuela para niños. En la actualidad la obra cuenta con escuela (l’École D. Bosco), colegio (le Collège D. Bosco) y centro de formación profesional especializado en electricidad (le Juk Spel), organizados según el modelo educativo marroquí, muy similar al francés. En ellos se escolarizan cerca de 1.000 niños y niñas, todos ellos de religión musulmana. Desde el Departamento de Cooperación de FERE-CECA hemos conseguido que el Ayuntamiento de Madrid les financiara una buena parte de la construcción del colegio, así como un segundo pabellón para la formación profesional. La obra se completa con una diminuta parroquia a la que acuden los pocos cristianos que habitan por esa zona de una ciudad con más de 200.000 habitantes.
Al frente de toda la obra se encuentra un director general salesiano, Cristóbal López, pero la casi totalidad de los profesores son de religión musulmana. Hay libertad religiosa, aunque está prohibido hacer proselitismo en un país donde la religión musulmana es oficial y forma parte de la propia identidad nacional. Yo no diría que el proyecto educativo salesiano se aplique de manera parcial, sino de manera diferente. En la educación colegial están presentes la mayor parte de los valores de la tradición salesiana: la importancia de Dios en la vida, el sistema preventivo, el espíritu de familia, la centralidad de la persona del educando, las actividades de tiempo libre, el protagonismo de los jóvenes…
En la edición del periódico La Razón del pasado 15 de octubre se publicó una entrevista a D. Juan Carlos Corvera,aparejador, miembro del movimiento de “Scouts de Europa” y presidente de la Fundación “Educatio Servanda” que promueve la construcción del Colegio Juan Pablo II en Alcorcón (Madrid). Según D. Juan Carlos será un colegio “católico de verdad”. Preguntado por el significado de tal afirmación, contesta lo siguiente: “Muchos colegios que hoy se declaran católicos lo son sólo de nombre. En el siglo XX la educación católica se basaba en el colegio de religiosos y la familia. Ambas están hoy en crisis. Muchas órdenes han envejecido y han perdido su visión fundacional. Engañan a los padres y transigen en Educación para la Ciudadanía, en temas bioéticos… Nosotros somos laicos de diversos movimientos, un recambio generacional con ideas claras y no nos importa que nos señalen”.
Siempre es grato conocer la existencia de nuevas iniciativas que promuevan la educación católica como, parece, es la intención de D. Juan Carlos. A la vez, resulta muy triste ver como, de nuevo, católicos agreden a otros católicos, haciendo irreconocibles las palabras del Señor: “por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13,35). No encuentro mucho amor en las palabras de D. Juan Carlos. Ni siquiera un ligero eco de la afirmación de Juan Pablo II en la exhortación “Christifideles laici” cuando señalaba que hoy puede suceder que sean “los mismos fieles laicos quienes pueden y deben ayudar a los sacerdotes y religiosos en su camino espiritual y pastoral”. Lejos de ayudar o de situarse en los cánones de la corrección fraterna, D. Juan Carlos actúa con una soberbia y locuacidad impropias de quien todavía no ha aterrizado en el complejo mundo educativo. No diré que impropias de su edad, porque algunos a los cuarenta años parecen poseídos del impulso alocado de los veinte.
La encíclica recién publicada por el Papa Benedicto XVI constituye un documento esencial a la hora de reflexionar sobre las causas y los efectos de la actual crisis económica global, desde una óptica católica, defensora de la dignidad del hombre.
Ya desde el principio, Benedicto XVI nos enseña que “la caridad en la verdad es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” y que la crisis actual es una oportunidad para una “profunda renovación cultural y el descubrimiento de valores de fondo, sobre los que construir un futuro mejor”.
Los días 26, 27 y 28 de noviembre tendrá lugar en Toledo el “X Congreso de Escuelas Católicas”, bajo el lema “Escuela con visión”. Un acontecimiento que se celebra cada dos años y que, además de la considerable proyección pública que otorga a nuestras instituciones, FERE-CECA y EyG, constituye una oportunidad inmejorable de reflexionar sobre los problemas de la educación.
El lema elegido nos indica con toda claridad que nuestra reflexión se quiere llevar a cabo con la mirada puesta en el futuro, porque, como indica el título de una de las ponencias, “La sociedad que viene ya ha llegado”. Efectivamente, “Educación confesional en un estado laico”, “2009-2025: alumnos competentes”, “La competencia emocional y espiritual del educado”, “Coaching: habilidades para el directivo del futuro”... son algunas de las cuestiones que se van a poner sobre el tapete. Y lo harán personas de reconocido prestigio en el campo de la educación y de la Iglesia. Entre otros, el psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, el obispo auxiliar de Barcelona, Sebastián Taltavull, el escritor y periodista Vicente Verdú, el profesor de la Universidad de Deusto, Juan Carlos Cubeiro…
Tradición y modernidad; titularidad y misión compartida; apertura e identidad; retos a los que se enfrenta la escuela católica en este comienzo del siglo XXI.
Efectivamente. Nuestra escuela navega por el siglo XXI con rumbo firme, sabiendo de dónde viene y adónde va. Conociendo su historia profunda y rica; haciendo gala de su identidad, de su tradición… Pero teniendo claro que el destino sólo se alcanza con un futuro de modernidad, de misión compartida, de apertura, de expansión…
Aunque agosto sigue siendo el mes vacacional por excelencia y en sus largos y tórridos días bullen las playas y los destinos más turísticos, los españoles escalonamos cada vez más nuestras vacaciones matizando un poco esos agostos de ciudades asoladas y playas abarrotadas, de asfaltos ardiendo en solitario y arena escondida por un manto de toallas de colores. Parece que además este año la nombrada y temida crisis está dificultando aún más las vacaciones, a pesar de los supuestos esfuerzos de hoteleros y demás profesionales del sector. La terraza del barrio, el pantano de la gran ciudad y el aire acondicionado de los más afortunados sustituyen destinos más paradisíacos.
El diálogo entre fe y cultura encuentra en la escuela católica su ámbito más adecuado. La fe, en dicho diálogo, ha de tener, por una parte, una actitud de permeabilidad, es decir, saber inculturarse; pero al mismo tiempo ha de ser, mediante los valores que la configuran, fermento de evangelización.
Cuando hablamos de que lo específico y más característico es la dimensión de fe, no queremos decir que exista un desinterés por las realidades del mundo, particularmente aquéllas que incuba la injusticia. Al contrario, el creyente cristiano tiene la obligación imperiosa de hacer realidad, aquí y ahora, germinalmente, lo que cree y esto pasa inexorablemente por dignificar al Hombre, en su dimensión personal y social.
Estimado señor Letrado de la Junta de Extremadura: Disculpe en primer lugar que sea un inculto y que no le llame por su nombre porque en el auto que obra en mi poder firmado por usted no pone su nombre y la firma es ilegible. Es un recurso contencioso administrativo promovido por FERE-CECA impugnando la orden de 18 de mayo de 2008 de la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura. En concreto hace referencia a la enseñanza de religión en Infantil y particularmente, sobre qué hacer cuando los padres “silencian” porque se les olvida o por cualquier otro motivo al formalizar la matrícula de sus hijos, si quieren o no la enseñanza de religión para ellos; es decir, no se manifiestan a favor ni en contra. En este caso, parece ser, la Junta de Extremadura entiende que los padres no quieren dicha enseñanza, usurpando el deseo o intención de los padres y es lo que impugna FERE-CECA.
Permítame que no entre en el fondo del tema, aunque he de reconocer que merece un artículo de fondo. Me ciño a una de las razones argumentadas por usted y que me dejó perplejo. Textualmente dice lo siguiente: “Lo cierto es que en esta región se ha producido, como en el resto de España, un cambio sociológico relevante, donde por razones de emigración, o por elevación del nivel cultural de los ciudadanos o por cualquier otra circunstancia, existen familias que no profesan la fe católica o ninguna otra” (el subrayado es mío).
Cuándo hablamos de “necesidad”, lógicamente no nos referimos a esa necesidad de llegar donde el Estado no puede, propia de épocas pasadas en que la Iglesia hizo una labor supletoria en no pocos servicios. En las actuales circunstancias, los logros sociales permiten que el estado pueda y deba cubrir todos los puestos escolares. Por eso entendemos dicha “necesidad” como manifestación democrática que exige un pluralismo ideológico y, por consiguiente, educativo.
Existe una concepción, extendida en la administración pública, de entender la enseñanza privada concertada como red subsidiaria de la pública; y otra, la que Escuelas Católicas defiende, como así se desprende de la LOE, como red complementaria.
El pasado jueves, día 4 de junio, concluyó la reunión del Plenario del Consejo Escolar del Estado. Es la sesión que se dedica cada año a aprobar el informe sobre la situación del sistema educativo en el curso que termina. Dicho informe es preparado previamente por la Permanente del Consejo durante largas sesiones de trabajo en las que se deben aprobar o rechazar las enmiendas al texto que los distintos miembros del Consejo les hayan remitido.
Aparte de la incorporación al Consejo Escolar del Estado de los Presidentes de los Consejos Escolares Autonómicos y la aprobación de un nuevo Reglamento de funcionamiento del mismo, la novedad más destacada es que se van asentando nuevos aires en su manera de funcionar. Son aires de consenso. Hay varios datos que lo corroboran. Uno de ellos es que se están aceptando bastantes enmiendas en la Permanente, lo que trae como consecuencia la disminución de las que se presentan en el Pleno. En esta ocasión han sido 250 las presentadas, frente a las 600 y hasta 1.000 enmiendas de otros cursos. Y lo que es más importante, todos los grupos, a excepción del Sindicato de Estudiantes aprobaron admitir a trámite el Informe elaborado por la Permanente, cosa que no había ocurrido en años anteriores. Incluso de las enmiendas presentadas en el Pleno, varias traían ya la aceptación de la Comisión Permanente.
La llegada al Ministerio de Educación del catedrático Ángel Gabilondo ha generado un enorme interés, una insólita expectativa de liderazgo y de cierta “ilusión”. Diversos datos avalan estas primeras impresiones, que esperamos no sean fugaces e “ilusorias”.
En primer lugar, Gabilondo encarna a un personaje dotado intelectualmente, precedido de una espectacular carrera universitaria, y sobre todo, indómito y libre. Los que le conocemos desde hace más de treinta años, en sus tiempos de profesor de Filosofía en el colegio de los Hermanos Corazonistas, podemos ratificar que su personalidad es fuerte y sincera, llegando al punto de cierto gusto por la “provocación” o la “transgresión”. Aviso, pues, a los navegantes de la política plana y fiel al guión de partido, entre los cuales, me temo, se encuentran muchos/as de sus actuales “colaboradores” en su recién asumido Ministerio.
La confesionalidad de la escuela católica
En el Artículo 27.6 de la Constitución se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro de los principios constitucionales. La LOECE (1980) reconocía “a los titulares de centros privados el derecho a establecer un ideario educativo dentro del respeto a los principios de la Constitución” (34). Contra este Artículo fue presentado recurso de inconstitucionalidad y el Tribunal Constitucional afirmó que “el derecho que el Artículo 34 de la LOECE reconoce a los titulares de los centros privados para establecer un ideario educativo propio dentro del respeto a los principios y declaraciones de la Constitución forma parte de la libertad de creación de centros, en cuanto equivale a la posibilidad de dotar a éstos de un carácter u orientación propios” (Sentencia 5/1981 de 13 de febrero).
En la LODE el término “ideario” se transforma en “carácter propio” y en el Artículo 22 de la misma se dice: “en el marco de la Constitución y con respeto de los derechos garantizados en el título preliminar de esta Ley a profesores, padres y alumnos, los titulares de los centros privados tendrán derecho a establecer el carácter propio de los mismos”.
Domingo, 22 de noviembre
Escuelas Católicas
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Sor Lucía Caram O.P
Juan Fernandez Krohn
Julián Moreno Mestre
Siro López
Jaime Vázquez Allegue