Y toda nuestra vida es un camino. Supone proceso y crecimiento. Y en ese camino nada está cerrado. Podemos atravesar túneles, momentos oscuros, podemos bajar a profundidades que nos revelan nuestras limitaciones, podemos escalar montañas que nos fatigan, pero siempre es un camino abierto en el que se nos presentan nuevos horizontes: “Todo lo hago nuevo, ¿no lo notáis?”, nos dice el profeta Isaías.
Os invito a recorrer este camino del Adviento como nos dice Teillard de Chardin: “Voy hacia Aquel que viene”. Ese recorrido deberíamos hacerlo con una actitud dinámica que conduce al Encuentro, contemplando juntos a “Aquel que viene” y que es el Dios que Salva y Perdona. Viene a sanar, viene a rehacer. Para Dios, que es el Dios de lo imposible, todo tiene arreglo. También tú, yo, cada uno de nosotros, tiene arreglo.
En ese recorrido sería bueno tener también una actitud de vigilancia, de mirada atenta; actitud de preparar el camino y actitud de escucha y docilidad.
Actitud de vigilancia que consistiría en tener una mirada misericordiosa hacia nuestra vida, acogiendo su realidad, sus límites, sin “enfadarnos” con ellos, y sin “centrarnos” en ellos, sencillamente acogiéndolos y convirtiéndolos en espacios y tiempos para Dios. Una mirada misericordiosa hacia los demás, con capacidad de comprensión, de acogida, de disculpa. Una mirada misericordiosa hacia nuestro mundo, descubriendo todo lo bueno, los valores, las posibilidades. Y todo ello, con una percepción aguda de lo que Dios quiere hoy de nosotros.
Hablo también de actitud de preparar el camino para referirme a la necesidad de transformar el desánimo en esperanza, la tristeza en alegría, de cambiar nuestras actitudes orgullosas en humildad, igualdad y sencillez, de convertir la falta de claridad y las excusas en transparencia…
Y, cómo no, de recorrer ese camino con actitud de escucha y docilidad porque el que viene es el Dios que trae una “buena noticia”, es algo que llena de gozo, que encierra novedad, que cumple deseos. Deseos que Él mismo ha puesto en nuestro interior. Y trae “buena noticia” a los que sufren. También para los que sufren la enfermedad, los límites, la vejez. Y trae “buena noticia” a los que tienen los corazones desgarrados por la soledad, la violencia, los miedos, pérdidas, increencia. Porque trae liberación, trae la gracia de Dios que hacer resplandecer la justicia, que devuelve a cada uno su tierra, que le da cauces para el amor.
Y después de contemplar a Aquel que viene quizá debamos preguntarnos ¿cuáles son mis actitudes en este caminar? Pensemos en tres actitudes de las tres grandes figuras del Adviento: el profeta Isaías, Juan el Bautista y María, y miremos a Dios con los ojos del corazón. Dejémonos invadir por este Dios. Que nos configure a su imagen.
Inmaculada Tuset
Presidenta de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo