Escuelas Católicas

La influencia de la educación católica en la sociedad. ¿Puede un maestro cambiar la sociedad?

06.12.10 | 13:29. Archivado en Pedagógico, Carlos Ruiz
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Contestando de manera telegráfica, diría que la influencia de la educación católica en la sociedad ha sido mucha y decisiva, pues muchos y grandes profesionales a lo largo del tiempo han ejercido su influjo sobre distintos ámbitos de la sociedad. Esta influencia, que no puede confundirse con el proselitismo (puesto que el Evangelio es propuesta y no imposición) se ha visto mermada últimamente debido a otras influencias contrarias a los fines de la educación católica.

Respecto a si un maestro puede cambiar la sociedad, me permitiría precisar y en lugar de cambiar (que me parece pretencioso) hablaría de influir (que tampoco es poca cosa) y con esta precisión afirmaría que el maestro puede y debe influir en la sociedad. De lo contrario estaría faltando a su esencia y finalidad última, pues educar conlleva transformar a la persona para que ésta transforme la sociedad.

Educar, como dice la Real Academia, tiene entre otras acepciones, dirigir o encaminar, lo que implica un protagonismo de los educadores y un dinamismo del educando. Educar es formar, dar forma a algo informe. El educador se convierte en alfarero que debe dar forma al niño y al joven, con respecto a la imagen que se tiene. Imagen que depende de los valores que se ofrecen e inculcan. Lógicamente si hablamos de educación católica, de maestros católicos, hacemos referencia a los valores evangélicos, custodiados, puestos en práctica y enriquecidos por la Iglesia.

En otras palabras, “el maestro educa hacia un proyecto de persona en el que viva Jesucristo. Hay muchos valores, pero estos valores nunca están solos, siempre forman una constelación ordenada explícita e implícitamente. Si la ordenación tiene como fundamento y término a Cristo, entonces podemos hablar de una verdadera educación cristiana” (Monseñor Héctor Vargas Bastidas, de Chile).

En ocasiones descubrimos que en el arte de educar, o alfarería, intervienen muchas manos (maestros, padres, compañeros, amigos, medios de comunicación social, etc.) que en no pocas ocasiones tienen una imagen distinta de la figura que se quiere logar, lo que conlleva el que a veces la figura sea caótica; es decir, que el niño o el adolescente sea una figura ecléctica y sin armonía.

Ante esta situación debe haber una alianza entre padres y profesores. Un pacto, en primer lugar natural, porque los padres son los primeros y últimos educadores de sus hijos, que delegan y depositan la confianza de la educación de éstos, de manera transitoria y por un tiempo, en unos profesores, o mejor dicho en una institución (titularidad). Pero también es un pacto táctico para unir fuerzas y luchar contra las adversidades, es decir, contra aquellos que quieren influir de manera determinante y contraria a los intereses de familias y profesores, en la educación de los hijos y alumnos.

Decía antes que los padres, en quien delegan la educación no es tanto en el profesor “x”, sino en la institución “y”, porque es la institución la garante de los valores que se quieren transmitir, recogidos en su ideario y concretados en el Proyecto Educativo. El profesor debe ser coherente y consecuente con esos valores y la institución tiene la obligación y el deber de exigirlos y garantizarlos.

Hay cuatro aspectos que se deben tener en cuenta para que la educación católica consiga influir en nuestra sociedad:

1. Los centros católicos tienen que ser plataforma de evangelización desde la cultura. Eso quiere decir que nunca se puede perder de vista dicha finalidad. A veces los árboles (prestigio académico, deportivos, etc.) nos impiden ver el bosque, que es la evangelización. Quizá, al igual que aplicamos sistemas y evaluaciones de calidad académica, deberíamos fijar controles de evaluación evangélica y eclesial.

No podemos olvidar que lo más genuino y específico de los centros católicos (no lo único), es la evangelización desde la cultura, máxime cuando vivimos en medio de un fuerte secularismo, en una sociedad donde cada vez se hace más presente el ateísmo práctico y donde la cultura hunde sus raíces en tierra que silencia y ahoga la voz de Dios.

En los centros católicos es imprescindible el trabajo interdisciplinar donde la coordinación de ejes transversales sea prioritaria. Dentro de esos ejes transversales, entre otros, no pueden faltar: el derecho a la libertad (no al libertinaje, sino a la libertad entendida como la opción que humaniza y dignifica a la persona); el respeto a la justicia (como la expresión más rica de la Buena Noticia del Reino de Dios); y el derecho a la vida humana en todas sus fases, sobre todo en las más frágiles (en relación al aborto y la eutanasia).

Por todo lo dicho, hoy los centros católicos constituyen un complemento esencial a la catequesis, que se oferta fundamentalmente en las parroquias, aunque también en muchos centros que sirven de apoyo.

2. Los titulares tiene que ser garantes y responsables últimos del tipo de educación que se transmite.Los titulares tienen la obligación de que se haga realidad el ideario y se garantice que los valores recogidos en él sean principios básicos que se expliquen y apliquen, constituyéndose en elementos dinamizadores de la vida colegial. Deben poner especial cuidado en los profesores, porque son los responsables inmediatos de concretar los valores implícitos en el Proyecto Educativo. Esto conlleva realizar una buena selección de profesores: que estén bien preparados, que respeten el ideario del centro, que comulguen con el mismo y lo pongan en práctica. Además es necesario incidir en la formación de los profesores. Una formación inicial y permanente no sólo en su ámbito profesional, sino también en la dimensión cristiana y carismática de la institución.

3. Es necesaria la implicación de los padres en la educación de sus hijos.Los padres deben colaborar de manera proactiva con el colegio y asegurarse de que el ideario de centro se haga realidad, pues para eso confían a la institución y a los profesores, lo que más quieren -sus hijos-.

Compartirán conmigo que algunos padres llevan a sus hijos a un centro determinado no por el ideario, sino por la calidad académica y las instalaciones. Y a lo más que llegan es a decir “lo que inculquen a mi hijo no le hará daño”, y aunque exista una aceptación explícita en la matriculación, no supone asumir este hecho de forma comprometida. En estas situaciones los centros deben buscar estrategias para poder involucrar a sus hijos.

4. Hay que facilitar espacios de encuentro entre padres y profesores.Posiblemente no haya que buscar nuevos espacios, sino utilizar los existentes, fomentando el diálogo a través de: encuentros personales de padres con tutores y profesores para hablar del hijo-alumno y poder detectar posibles problemas y conseguir que padres y profesores eduquen, aunque de manera complementaria, en la misma dirección; encuentros del tutor con la clase para analizar la situación de cada niño en el contexto de la clase y poder trazar estrategias comunes que salven las diferencias propias de cada alumno; escuelas de padres, como complemento a las anteriores, son espacios de reflexión, de aprendizaje y de intercambios de experiencias; y las reuniones del equipo directivo con las APAS, que deberían mantener contacto con profesores, además de las labores que promueven para los alumnos.

Quién no recuerda durante toda su vida al maestro que le enseñó a ser persona.

Carlos Ruiz Fernández
Miembro del Consejo Escolar del Estado por EC


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Martes, 29 de mayo

    BUSCAR

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Noviembre 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    282930    

    Sindicación