Vamos a entrar en un cambio de año y esto puede ser una ocasión de reflexionar sobre qué significa vivir en el tiempo de Dios. Las personas medimos y dividimos el tiempo. Hablamos del pasado, del presente, del futuro, porque estamos sujetos a las leyes de la naturaleza, al tiempo y al espacio.
Dios, el que existe desde siempre y vive para siempre, no tiene tiempo. Su medida difiere de la nuestra. Pero entra en nuestra realidad y se somete a las leyes naturales, y viene en el tiempo y en el espacio. Pero como no tiene tiempo, sino que lo desborda: el pasado es hoy, el presente es hoy, el futuro es hoy. Y su actuar es con medidas de tiempo diferentes a las nuestras, su mirada va más allá de nuestros tiempos, y su actuar es “en el momento oportuno”. Sus horas, no coinciden a veces con nuestras horas. Por eso nos es necesario entrar y vivir en el tiempo de Dios.
Nos movemos entre una infinidad de tópicos, y uno de ellos es cómo afrontar el final de un año y encarar el nuevo. Siempre buscamos hacer balances vitales… igual que las cadenas de televisión nos ofrecen sus resúmenes del año o los periódicos nos regalan un extra sobre las noticias más impactantes del año.
También con el final del año, las empresas hacen cuentas para ver sus resultados. Vamos, que el final del año se parece mucho a saber la nota del último examen. Será que el hombre necesita estos rituales cíclicos a lo largo del año para no perder la conciencia del tiempo. Es como los anuncios de coleccionables cuando acaban las vacaciones, o las campañas para adelgazar cuando enfilamos el verano…
Durante el tiempo de Adviento, en una conversación con amigos salió el tema de la Navidad. Cuál fue mi sorpresa al conocer que a varios de ellos no les gustan estas fiestas e incluso algunos las detestan. Los motivos aducidos fueron diversos, desde la queja de que las navidades se han convertido en una manifestación salvaje de materialismo, hasta huir de ellas porque en estos días se echa en falta, con mayor crudeza que nunca, la ausencia de seres queridos, pasando por la carga de sensiblería que envuelve las navidades.
Tengo que reconocer que no me llamó la atención el que algunos pensaran así, pero sí el porcentaje tan alto de los que, de una u otra forman, no desean la Navidad. Hasta tal punto me impactó que desde entonces, en varias ocasiones, me ha venido el eco de aquella conversación formando parte de mi reflexión.
El 7 de diciembre el Ministerio de Educación hizo público en nuestro país el Informe PISA 2009. Los medios de comunicación se volcaron y durante alguna semana han corrido ríos de tinta sobre el tema. ¿Se han olvidado ya? Seamos bienpensados y digamos que no. Aunque si así fuera no se trata de demonizar a los medios, al fin y al cabo ellos se limitan a recoger lo que interesa a la sociedad en cada momento. Es por eso que pasado el revuelo inicial es el momento de que intervengan las instituciones que se dedican a educación. Son ellas, somos nosotros, los que tenemos ahora el deber de detenernos a pensar en los resultados del informe, reposarlos, y buscar las vías más apropiadas y eficientes para mejorar la calidad de la educación española. Una manera de comenzar esta reflexión es analizar las propuestas que hasta ahora, y a bote pronto, han realizado distintos sectores de la sociedad. Todas, las más acertadas y las más peregrinas, estoy segura de que están hechas con la loable intención de mejorar los resultados de la educación española. Por eso, y porque la suma de todos dará mejores resultados que la resta, merece la pena que echemos un vistazo panorámico a todas esas propuestas.
Desde hace muchos años, Escuelas Católicas (FERE-CECA y Educación y Gestión) viene defendiendo la libertad de los padres para elegir el tipo de colegio que desean para sus hijos conforme a sus propias convicciones y la autonomía de los titulares de los centros privados concertados para aplicar el régimen de admisión, cuyos principios estaban contenidos en nuestras leyes orgánicas.
Sin embargo, año tras año nos encontrábamos con disposiciones de desarrollo aprobadas en varias comunidades autónomas que incumplían tanto los principios inspiradores del régimen previsto en la LODE y LOE, como los propios artículos de ambas normas básicas. Por ello, Escuelas Católicas se ha visto obligada a impugnar todas las disposiciones de desarrollo contrarias al régimen básico, obteniendo sentencias estimatorias en importantes procesos.
Y toda nuestra vida es un camino. Supone proceso y crecimiento. Y en ese camino nada está cerrado. Podemos atravesar túneles, momentos oscuros, podemos bajar a profundidades que nos revelan nuestras limitaciones, podemos escalar montañas que nos fatigan, pero siempre es un camino abierto en el que se nos presentan nuevos horizontes: “Todo lo hago nuevo, ¿no lo notáis?”, nos dice el profeta Isaías.
Os invito a recorrer este camino del Adviento como nos dice Teillard de Chardin: “Voy hacia Aquel que viene”. Ese recorrido deberíamos hacerlo con una actitud dinámica que conduce al Encuentro, contemplando juntos a “Aquel que viene” y que es el Dios que Salva y Perdona. Viene a sanar, viene a rehacer. Para Dios, que es el Dios de lo imposible, todo tiene arreglo. También tú, yo, cada uno de nosotros, tiene arreglo.
Contestando de manera telegráfica, diría que la influencia de la educación católica en la sociedad ha sido mucha y decisiva, pues muchos y grandes profesionales a lo largo del tiempo han ejercido su influjo sobre distintos ámbitos de la sociedad. Esta influencia, que no puede confundirse con el proselitismo (puesto que el Evangelio es propuesta y no imposición) se ha visto mermada últimamente debido a otras influencias contrarias a los fines de la educación católica.
Respecto a si un maestro puede cambiar la sociedad, me permitiría precisar y en lugar de cambiar (que me parece pretencioso) hablaría de influir (que tampoco es poca cosa) y con esta precisión afirmaría que el maestro puede y debe influir en la sociedad. De lo contrario estaría faltando a su esencia y finalidad última, pues educar conlleva transformar a la persona para que ésta transforme la sociedad.
El mundo de hoy está lleno de buenas noticias, sólo es necesario encontrarlas. Vivimos un momento histórico donde la disposición de la información en Internet es interminable. Todo al alcance de todos, una pantalla y un ratón no hacen distinción alguna, nos encontramos con igualdad de oportunidades ante su reinado. Para muchos autores este fenómeno produce un efecto desolador. Ante una avalancha intangible e inabarcable de recursos, se acelera el fenómeno de la desinformación, incluso, el de la “infoxicación”. Pero lo cierto es que nunca antes en la historia el ser humano había tenido a su disposición tal cantidad de recursos a su alcance, sin embargo, ¿dónde encontrar lo que necesito?
Si la vida real la constituyen los átomos, partículas de protones, electrones y neutrones, nuestras pantallas explotan de Kilobytes, Megabytes y octetos, término recién aprobado por la RAE para definir a los átomos virtuales: los bytes. Un byte en la pantalla equivale al espacio de una letra, 10 bytes son su nombre y apellidos, 100 bytes son una de estas frases, 1 kilobyte el texto de esta entrada, 100 kilobytes, la foto que lo acompaña, 1 Megabyte, su novela favorita y 1 Gigabyte es una furgoneta llena de páginas de texto… Un Terabyte, un Petabyte y un Exabyt no son nombres de chucherías navideñas, sino unidades de medición y representación de la información.
No es algo nuevo que algún sindicato impugne en vía judicial órdenes de conciertos. Por ejemplo, en Castilla y León Comisiones Obreras recurrió en su día la Orden de conciertos de 4 de febrero de 2000 porque entendía que la concertación de unidades de Educación Infantil era ilegal. Nuevamente, Comisiones Obreras volvió a presentar recurso contencioso contra una orden de conciertos, esta vez contra la Orden EDU/627/2004, de 27 de abril, por la que se resolvía el proceso de concertación del curso 2004/2005 al entender que no procedía la concesión del concierto a un centro concreto.
En todos los procedimientos anteriores el Tribunal Supremo estimó los argumentos esgrimidos por FERE-CECA y declaró la no admisión del recurso contencioso por entender que el sindicato no estaba legitimado en ese procedimiento.
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo