Es uno de esos temas recurrentes… igual que a principio de curso se escribe sobre la vuelta al cole, y el mundo parece agotarse en lo que cuestan los calcetines del uniforme, o próximos al verano tenemos que leer cientos de artículos para concienciarnos de usar las cremas de protección solar… ahora, comenzando el Adviento, dirigimos la mirada hacia la Navidad.
Y miramos ya hacia ella, pasando por encima el tiempo de preparación y espera, porque surgen miles de estímulos que nos llevan “en volandas” hacia esas fechas: anuncios, luces, propagandas, decoraciones… todo parece confabularse para hacernos conscientes de que se acerca la Navidad. ¿Pero es esa Navidad a la que nos debemos acercar?
Con mucha frecuencia las palabras, por el uso, mal uso, o desuso, pierden su significado e identidad… y se quedan reducidas a su significante. En este caso, a lo insignificante… Por eso, tuviera uno la tentación de inventar, a modo de juego, palabras nuevas para poder hacer nuevo (hacer nuevas las cosas) los misterios más trascendentales de nuestra fe y que sin embargo, como por arte de magia, nos han birlado.
Así surge, como provocación en mi mente, la NAVIDARIDAD.
Quizá a muchos les remita a la solidaridad, a la fraternidad, a la caridad… Muchos mejores referentes para esas fechas, y sin duda más cercanos al misterio del nacimiento de Jesús. Sólo por el amor infinito de Dios podemos pensar en su encarnación. Así, es solidario con el hombre, pues se hace uno más. Es nuestro hermano, por eso la fraternidad refleja la relación íntima de Cristo con cada persona. Es caridad, porque vino a regalar, a darse, a entregarse… a salvarnos.
Pero puede que haya filólogos o expertos en crucigramas leyendo esto… o matemáticos que quieran jugar a las ecuaciones: NAVI+DAR+y+DAD. El latín nos muestra que “nativitas” es nacimiento. La raíz de la palabra nos evoca la posibilidad de nacer… y ya le preguntaron a Jesús ¿cómo se puede nacer nuevo? ¿volviendo al útero materno? La respuesta, por lo tanto, la sabemos. Pero el llamamiento, la provocación a nacer de nuevo… se mantiene intacta.
Y después “dar y dad”. Curioso… ante lo que vivimos pareciera invitarme más a darme que a comprar, comer… Cuando hay tantos necesitados de recibir y de ser ayudados, el juego de palabras me lanza un guante: hay más alegría en dar que en recibir, mejor ayudad que otra cosa…
Alegría… Esa es en el fondo una aspiración silenciosa que todas las personas quieren vivir en esas fechas. Con ese ánimo se juntan familias, que quizá no se ven en otras fechas (por vocación o por obligación), con esa intención se adornan las casas, con ese sueño se hacen regalos… ¿y dónde queda la alegría por el nacimiento de Jesús? ¿qué cambia en nuestras vidas ante el pasmoso acontecimiento? Siempre recuerdo un niño en mi parroquia que en esos días oraba “para que siempre fuera Navidad”.
Ahora lo entiendo… quizá la Navidad que nos pretenden hacer vivir no la podamos mantener todos los días (no hay nómina que lo pueda sobrellevar todo el año), pero vivir una Navidaridad… es posible. No es un sueño. Jesús lo espera. Los más necesitamos de este mundo lo anhelan. ¿Y tú? ¿quieres navidarizarte este año?
Javier Poveda
Director del Departamento de Cooperación y Administración de EC
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
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Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo