Hoy en día estamos viviendo tiempos de profundos y rápidos cambios en la vida social, política, económica, y cómo no, educativa. En las dos últimas décadas, sólo la innovación tecnológica ha supuesto una auténtica revolución, comparable con los grandes progresos industriales y culturales alcanzados durante todo el siglo XIX; no obstante, éstos tuvieron un desarrollo temporal mayor, permitiendo una mejor adaptación personal y colectiva. Actualmente, los sistemas de información, el mundo laboral, las expectativas de los jóvenes y de sus familias, etc., están produciendo nuevas y vertiginosas necesidades que inciden directamente en nuestras instituciones de enseñanza, a las cuales estamos encontrando dificultades para dar respuesta. Tenemos un dato demoledor: un informe del Secretario de Empleo de Estados Unidos recoge que los 10 trabajos más demandados en 2010 no existían en 2004.
A nuestros alumnos les estamos educando para un mundo que ya no va a existir cuando salgan de nuestras aulas. No les estamos preparando convenientemente para afrontar los retos del futuro. Esta revolución social está demandando un cambio del modelo educativo que estamos implementando en las aulas.
En estas circunstancias, el sistema educativo que la actual sociedad del conocimiento necesita es el que, a través de los centros educativos de calidad, propicie que los alumnos sean los protagonistas de su propio aprendizaje a lo largo de sus vidas, proporcionándoles motivación para aprender y estrategias para lograrlo de manera continua, a la vez que desarrollando su capacidad crítica e innovadora. Por lo tanto, tenemos que evolucionar de la docencia centrada en el profesor a la docencia centrada en el aprendizaje del alumno. Ya veis que este modelo exige un cambio del rol del educador, ahora centrado en facilitar, potenciar y guiar el aprendizaje en sus alumnos, actuando como un entrenador del pensamiento, que les enseña a aprender el juego del aprendizaje. Este nuevo reto está exigiendo de nuestros profesores un esfuerzo de adaptación y reciclaje que ellos están afrontando con generosidad, mucha creatividad y adoptando nuevas metodologías para conseguir el progreso de todos los estudiantes en una amplia gama de logros intelectuales, sociales, morales y emocionales.
Por ello, llevamos ya tiempo hablando de la necesidad de caminar hacia un modelo de educación más personalizada, en la que debemos adecuar la enseñanza al ritmo y al estilo de aprendizaje de cada alumno, desvelando las capacidades y potencialidades de cada uno, estimulando la implicación y el esfuerzo, desde una metodología que ponga en práctica la búsqueda, la pregunta (“mira, piensa, cuestiona, explica, justifica”), y no sólo desde las respuestas absolutas. Así estimularemos en nuestros alumnos las competencias para aprender a aprender, imprescindibles para vivir y responder a los retos de nuestra sociedad en cambio constante.
Seguro que compartís conmigo esta reflexión, pero qué difícil es responder a estos retos en cada una de vuestras aulas, con casi 30 alumnos y vosotros solos al frente. Efectivamente, el panorama descrito demuestra que no podemos seguir enseñando hoy tal y como lo hacíamos hace 20 años. Por ello, nuestro compromiso es seguir afrontando con vosotros estos objetivos, y facilitar al máximo vuestra tarea, de los orientadores, profesores y equipos directivos de nuestros centros. En Escuelas Católicas seguimos con nuestro empeño de trabajar por una mejora de la calidad de nuestra oferta educativa a través de: la renovación de nuestros proyectos educativos, la revisión de los objetivos y métodos de enseñanza utilizados, la formación humana y profesional de los profesores, la constante apertura a los valores del humanismo cristiano, etc. De momento, nada más. Sólo un último deseo: ojalá que en nuestra organización siempre encontréis un entorno propicio donde compartir conocimientos, experiencias, y renovados deseos para la educación del futuro.
Irene Arrimadas
Directora del Departamento de Innovación Pedagógica de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo