Escuelas Católicas

Descalificación infundada, injusta y dolorosa

30.04.10 | 11:29. Archivado en Manuel de Castro, Varios
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De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a una campaña de desprestigio de la Iglesia Católica y de sus instituciones perfectamente orquestada, que tiene en los medios de comunicación una repercusión y un eco que la hacen posible. Probablemente quienes la promueven tienen sus razones para organizarla y pretenden cobrarse alguna deuda pendiente con la Iglesia a la que tratan de desprestigiar. No creo que el artículo publicado en el prestigioso y veterano diario ABC bajo el título “La tragedia de la escuela católica” forme parte de esa campaña, entre otras razones porque su autor, Juan Manuel de Prada, siempre ha hecho gala de su catolicidad. Pero el efecto es prácticamente el mismo.

La conclusión que parece extraerse de este artículo es que la escuela católica en vez de ser, como debería, “cantera de discípulos” se ha convertido en “cantera de líderes anticatólicos”. Lo cual, de ser cierto, sería una auténtica tragedia (en eso estoy de acuerdo con el autor). Sin embargo no creo que se pueda verter una acusación tan infundada, injusta y dolorosa como ésta.

Todo tiene su origen en un amplio reportaje publicado en este mismo periódico, dentro del suplemento D7 del domingo 25 de abril, con este titular: “Colegios católicos, cantera de líderes”. En él se citaba a conocidos personajes de la vida política actual, genéricamente calificados por De Prada como “ganao”: José María Aznar, Alfredo Pérez Rubalcaba, Mariano Rajoy, Teresa Fernández de la Vega, José Luis Rodríguez Zapatero, Javier Solana, Bibiana Aído y Ángel Gabilondo. De ellos se decía que “también estudiaron en colegios religiosos”.

La afirmación de que los colegios católicos están siendo cantera de líderes anticatólicos me parece totalmente infundada. El hecho de que conocidos personajes de la vida política, a quienes el autor considera anticatólicos, hayan pasado por sus aulas no justifica en absoluto una afirmación tan poco rigurosa. Seguro que podríamos hacer una lista mucho más numerosa de supuestos líderes anticatólicos que se formaron en las aulas de la escuela pública, sin olvidar que algunos de los citados en el reportaje pasaron también por la pública en alguna de sus etapas formativas.

Cargar sobre la escuela, sea ésta católica o no, la responsabilidad del libre devenir de las personas me parece del todo improcedente. Ante todo porque estas personas, como acabo de señalar, han recibido otras influencias formativas, de la escuela pública, la universidad y de los medios de comunicación, que han contribuido a configurarla tanto o más que la misma escuela católica. La mayor parte de estas personas y otros tantos líderes anticatólicos fueron bautizados en diversas parroquias, recibieron la primera comunión y asistieron a las catequesis preparatorias de la misma. Muchos de ellos provienen de familias con padres creyentes que trataron de educar a sus hijos en la fe cristiana que ellos profesaban. ¿Podemos afirmar por ello que la parroquia y la familia están siendo canteras de líderes anticatólicos?

Por otro lado decir que la razón de ser de la escuela católica es “erigirse en cantera de discípulos” puede ser malinterpretada. Ante todo porque la escuela católica tiene una función y una responsabilidad social como cualquier otra escuela: “Ella busca, no en menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud” (Concilio Vaticano II, nº 7). Por supuesto que en el proyecto educativo de la escuela católica Cristo es el fundamento y los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo en metas finales (“La escuela Católica”, nº 34). Pero de ahí a pretender que de ella salgan sólo “discípulos y líderes católicos” va un abismo. No podemos ignorar que los alumnos que llegan a nuestros centros son muy diversos desde el punto de vista religioso: creyentes, desinteresados, agnósticos y no creyentes. No debemos olvidar, además, que la fe no se impone, sino que se propone y que en la configuración definitiva de una persona entran en juego otros muchos factores e influencias, entre ellos el de la propia libertad personal, ese don tan maravilloso con el que el Creador nos ha regalado a todos los humanos.

A no ser, claro está, que se pensara en una escuela católica sólo para católicos. Pero eso, además de ir contra del sentir de la Iglesia, nos privaría de la posibilidad de su presencia evangelizadora entre los más alejados de la misma.

Los más de 120.000 profesores laicos y los más de 7.000 religiosos y miembros de institutos seculares que hemos entregado nuestra vida a la educación cristiana de la juventud no merecemos una descalificación tan infundada, injusta y dolorosa como ésta.

Manuel de Castro Barco
Ex secretario general de Escuelas Católicas


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