En la edición del diario ABC del día 26 de abril se publica un artículo titulado “La tragedia de la Escuela Católica”. Su autor, D. Juan Manuel de Prada, sostiene algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: la razón última de la Escuela Católica es la evangelización (ser “cantera de discípulos”).
¿Dónde está la tragedia? De Prada sostiene que la Escuela Católica ha extraviado su razón de ser y ha buscado el prestigio en la exigencia y excelencia académica. La prueba de ello, sostiene, es que muchos líderes anticatólicos han estudiado en colegios católicos, tal y como muestra el reportaje “Colegios católicos, cantera de líderes”, publicado en ABC el pasado 25 de abril.
El Santo Padre Benedicto XVI ha insistido en que la Fe no se impone, sino que se propone. El Sr. De Prada parece olvidar que la tarea de la escuela católica se asemeja a la parábola del sembrador. Y ya la Congregación para la Educación Católica prevenía en su documento “La educación católica” (1977), que “no hay que desanimarse por fracasos aparentes o reales, porque los elementos que influyen en la formación del educando son múltiples y, muchas veces, los resultados se logran a largo plazo”. Por otro lado, si los padres son los primeros y últimos responsables en la educación de los hijos, y la escuela es una mera colaboradora ¿por qué responsabiliza usted en exclusiva a la escuela católica de los aparentes fracasos?
Por cierto, ¿por qué no se fija el Sr. De Prada en los buenos frutos de la siembra? ¿De verdad piensa que no existen? ¿Cómo se puede dejar vencer por el desánimo en tiempo pascual? ¿No ve a tantos católicos comprometidos, y sin tanto relumbrón, que salieron también de esos colegios?
Efectivamente, Sr. De Prada. La escuela católica tiene una razón fundamental que usted señala muy bien. Pero no caiga en la tentación de medir el éxito o el fracaso por el mayor o menor número de “seguidores de Jesús” que salgan de los colegios católicos. No olvide que la Fe es un don, que Dios nos hace libres incluso para rechazarle, y que usted desconoce los caminos de los que se valdrá el Señor para llamar a cada cual y en qué momento puede hacerlo. Ya sabe, aquello de la conversión y tal y cual… Recuerde que la persona que traicionó a Jesús fue precisamente un discípulo suyo, que había recibido formación directamente del Maestro. ¿No será posible, entonces, que también puedan salir “rebotados” de la escuela católica?
El Papa también ha insistido en la complementariedad de la Fe y la razón. Sorprende que el Sr. De Prada presente la búsqueda de la excelencia académica como prueba de la pérdida de razón de ser. ¿Por qué la hace incompatible? ¿Sólo porque hayan salido algunos rebotados de los colegios católicos?
Por último D. Juan Manuel identifica el titular de una periodista (“cantera de líderes”) con la finalidad actual de la escuela católica. Yo lamento que lo haga y no acuda, sin embargo, a los documentos publicados por Escuelas Católicas, siguiendo a su vez las directrices marcadas por distintos documentos del Magisterio de Iglesia. Los más recientes, “Temas clave del Proyecto Educativo Común” (Nov. 2007) y “Proyecto Educativo Institucional” (2010). La calidad reside en la identidad de un proyecto basado en el Evangelio y con una propuesta explícita de la fe.
Quizá la urgencia y la vorágine de los medios de comunicación le haya dificultado al Sr. De Prada disponer de un momento tras leer el ABC dominical e introducir cierta mesura y ecuanimidad en sus reflexiones. Lo cual, dicho sea de paso, no deja de ser una pequeña tragedia. La propia de D. Juan Manuel. Aún con todo, seguiré formando parte del grupo que denomina “las tres o cuatro lectoras que todavía le soportan”. De momento.
José Antonio Poveda González
Abogado de Escuelas Católicas
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo