La escuela no es una entidad impermeable que no sienta los cambios del tiempo, ni de las ciencias, ni de nuestra sociedad. En 1985, el innovador y revolucionario pedagogo Andy Hargreaves escribía: “Será necesario asumir grandes riesgos para crear el saber que dará nacimiento a una innovación radical de la escuela si se quiere que sea capaz de responder al desafío actual. La experiencia puede ser dolorosa pero también apasionante. Se requiere de un saber creado en una dinámica «de ida y vuelta» de la práctica a la reflexión y viceversa, en el que se ha de correr el riesgo de pensar y hacer las cosas de otro modo, de ir a contracorriente del inmovilismo y del desánimo del «todo es un desastre» y del «siempre se ha hecho así».
Cada vez sabemos más sobre el funcionamiento del cerebro, o sobre las emociones y la concentración; estamos conectados con el mundo entero a tan sólo un “click” de distancia y tenemos acceso a una cantidad ingente de información en red. Estos cambios, por citar los fundamentales, están presentes en el día a día, modificando nuestras relaciones y la forma en que pensamos o el modo en que aprendemos; pero no sólo eso, sino que nos avisan, a su vez, de que el futuro del modelo económico y social de desarrollo en España pasa por transformar la información en conocimiento. En la innovación educativa nos estamos jugando la innovación laboral y el futuro desarrollo de nuestra sociedad. Todo lo que ocurrirá en el futuro, está pasando hoy en nuestras aulas. Se hace urgente, por tanto, educar con todos nuestros sentidos atentos a la innovación psicológica, pedagógica, sociológica y epistemológica, no podemos enseñar con una venda en nuestros ojos, hay que educar abiertos a lo que ocurre en nuestro mundo a través de la evolución de las fuentes que inspiran el desarrollo del currículo.
El PEI, tal como lo abordamos, es un hito más en un proceso de respuesta de las instituciones titulares y los centros a los nuevos retos que tienen planteados y que muestra un dinamismo creciente de las instituciones que se expresa en la redefinición de la titularidad y de su modelo organizativo (nueva configuración de la función directiva, equipos de titularidad, cesión de la titularidad a fundaciones propias, etc.); en la profundización en iniciativas estratégicas (misión compartida, procesos de formación y selección del profesorado y del personal, planificación educativo-pastoral); y en la búsqueda y potenciación de las mejores prácticas fortaleciendo el trabajo en común y la participación de los centros que salvaguarda la singularidad de cada uno de ellos al tiempo que huye del aislamiento y de la multiplicación de procesos básicamente coincidentes.
Ya ha quedado señalado que el PEI es un documento complejo. En realidad, es una carpeta de documentos de diversa naturaleza, origen, ámbito, y vigencia, como lo acredita el hecho de que el Proyecto educativo incorpora documentos tan diferentes como el carácter propio y las programaciones didácticas de área.
El PEI es, además, una carpeta de documentos especial. Comparte con el resto de lo que denominamos carpetas, el hecho de incluir documentos con arreglo a un criterio de clasificación. Y tiene como singularidad que los documentos de esta carpeta están jerarquizados y relacionados, buscando una línea entre las proclamaciones de principios, opciones y objetivos y la acción educativa concreta en cada una de las aulas y actividades de los centros de la misma institución titular.
El PEI lo estructuramos conforme al siguiente esquema:
- Carácter propio.
- Análisis y lectura del contexto.
- Líneas estratégicas.
- Planes y programaciones anuales.
- Concreciones curriculares.
- Organización y estructura.
- Evaluación y seguimiento.
Alfredo Hernando
Departamento de Innovación Pedagógica
Martes, 29 de mayo
Escuelas Católicas
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo